viernes, 21 de marzo de 2008

Lección de humildad

2comentarios
Acabo de leer un comentario en el post anterior a este, Exigir y dar, que me ha llevado a escribir la presente entrada. ¡Cuanta razón tiene en lo que dice! Me acaban de dar una auténtica lección de humildad, y ante todo, debo dar las gracias a ese anónimo usuario que parece conocerme. Desde luego, no he aprendido lo que hoy se de mi profesión por ciencia infusa. He tenido, por suerte para mí, centenares de maestros. No solo entre mis compañeros de profesión, sino entre mis propios alumnos. Pero desde luego, es a aquellos compañeros que han trabajado conmigo durante todos estos años a quienes más debo mi reconocimiento de quien hoy soy. Especialmente a todos aquellos con quienes he podido discutir, intercambiar mis puntos de vista y debatir de todo lo divino y lo humano. Y por supuesto, a los que he podido observar en su trabajo diario y me han servido de guía para crecer a nivel personal y profesional. Hay tanta gente, que no citaré nombres, por temor a olvidar alguno y caer en la injusticia. Pero sería injusto dejar de valorar esos aprendizajes, así qeu creo que cuando menos eso sí que deberé citarlo:

- Hubo quien me enseñó, en mi primer año en el colegio, que hay que ser humilde, escuchar y después, ante la reflexión, opinar. No debí aprenderlo demasiado bien, pues parece que vuelvo a caer en el mismo error.

- Hubo de quien aprendí la necesidad de una buena preparación previa y organización de la materia y las sesiones de trabajo antes de empezar con las clases. Siempre he pecado de ser una tanto "caótico", y eso nor edunda en beneficio del aprendizaje.

- Hubo quien me descubrió que trabajar en equipo no es repartirse tareas individuales que cada uno hace a su manera de forma solitaria, sino que se trata de complementar cada uno el trabajo de los demás para llegar a cotas de efectividad inalcanzables de otra forma.

- Hubo de quien comprendí que a veces hay que tirar la clase prevista por la ventana y reinventar toda la sesión para empezar desde cero, pues los acontecimientos pueden variar la óptica que habías planteado

- Hubo quien me demostró la importancia del compromiso y el trabajo diario.

- Hubo de quien aprendí que a veces se demuestra más tu implicación y preocupación por un alumno con una reprimenda como con los ánimos y que hay que saber distinguir cuando conviene una cosa y cuando la otra.

- Hubo quien me ha enseñado, muy recientemente, que a veces nos miramos demasiado el ombligo y que nos creemos, realmente, pequeños dioses, y olvidamos, injustamente, a quienes tanto nos han enseñado.

Desde aquí, mi más sincera disculpa a todos aquellos a quienes no he sabido reconocer cuanto me han enseñado, que han sido muchos y muy buenos. Y mi solicitud a todos ellos y a todos los demás de que jamás dejen de enseñarme y corregirme cuando me equivoque. No se puede ser maestro si dejas de ser alumno y parece que me estaba desviando un tanto de ese camino. Gracias por devolverme a él (o al menos intentarlo).

PS: No creo que mis alumnos me hayan divinizado. No creo que me adoren, ni mucho menos. Existe cariño, pero no adoración. No se discute con un dios, y nosotros discutimos muy a menudo. Quizás incluso demasiado. Por todo lo demás, mi querido/a corrector anónimo/a, gracias por el toque de atención. Tienes un café pagado en el cole cuado volvamos (y así al menos sabré quien eres...)
 

Lycosaedro © 2010

Blogger Templates by Splashy Templates