El entrenador, aprovechando un tiempo muerto aconseja a sus chicos que intenten aislarse del ambiente. La situación está tensa, se crispa, los gritos desde la grada se suceden, aumentando en intensidad y agresividad a medida que avanza el partido. Cruza una mirada cómplice con el árbitro que parece decirle a su vez: "¿Y yo qué quieres que haga?". Alguno de los jugadores se remueve, especialmente inquieto. Mira preocupado a la grada y se muerde el labio inferior. No consigue concentrarse en el partido. Alguna de las cosas que han llegado a oír le ha dolido, le ha hecho sentir vergüenza ajena. El entrenador se da cuenta e intenta calmar a sus chicos, pero es difícil, es muy difícil. Al fin y al cabo, sólo tienen ocho años y esos espectadores son sus padres...
En ocasiones, los padres parecemos olvidar que la práctica del deporte escolar es, ante todo, una experiencia formativa y nos dejamos arrastrar por nuestra pasión por el deporte. Arrastrados por nuestra pasión, por nuestro deseo de ver el triunfo de nuestros hijos e hijas, gritamos, nos quejamos al árbitro, señalamos la mala actitud del equipo rival y hasta llegamos a caer en el insulto o el lenguaje que sin duda prohibiríamos terminantemente a nuestros retoños. Desoímos los consejos del entrenador del equipo, de los profesores del colegio y hasta en ocasiones las súplicas de nuestro propio hijo.
El deporte escolar no es la LFP ni la ACB. Su objetivo principal no es demostrar qué equipo es el mejor ni cuáles son los jugadores más destacados. No consiste en ganar y conseguir un trofeo, sea cómo sea. El deporte escolar consiste, como cualquier otra actividad que se da en el entorno de la escuela, en educar, en dotar de valores, de contenido, de experiencias formativas y de oportunidades de desarrollo personal y grupal unos instantes en la vida de un grupo de chicos y chicas. Y a veces parecemos olvidarlo. A veces, nos quitamos nuestro atuendo de padres y nos ponemos el disfraz de hooligans, de fanáticos. Y con ello, no les ayudamos, no les animamos. Al contrario. Sólo hacemos que aumentar la presión, la angustia, la inseguridad en nuestros hijos. Cuando les gritamos instrucciones, cuando les reprochamos su error al tirar a canasta, cuando les insistimos cómo han de jugar o a qué contrario deben cubrir, les demostramos que, diga lo que diga su entrenador, no estamos allí para divertirnos. No hemos ido una mañana de sábado a que practiquen un deporte con sus amigos. Queremos GANAR. Así, en mayúsculas. Nos proyectamos en ellos y nos sentimos partícipes de sus victorias y frustrados por sus derrotas
¿No sería mejor que nos vieran aplaudir también los goles del equipo contrario? ¿No les enseñaríamos más insistiendo que eviten las faltas? ¿No les demostraríamos mejor nuestro cariño con un abrazo que con un grito? No podemos decirles que deben respetar al entrenador y despotricar de las decisiones de éste al mismo tiempo. Eso no tiene ningún sentido, y ellos lo saben. Quizás nos haga falta ser un poquito más humildes, ponernos de rodillas e intentar ver el mundo desde su altura. Quizás así comprendamos que ellos, simplemente, solo quieren jugar un rato...
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5:40
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Árboles
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La voz silenciada
Dicen que a veces los árboles no nos dejan ver el bosque y me parece que en ocasiones los docentes nos olvidamos cual es el propósito de todos nuestros esfuerzos...
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18:50
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Vuelta al cole
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La voz silenciada
Un año más, ya estamos de vuelta en el cole. Y este año, han conseguido que me sienta especialmente viejo. En el claustro de principio de curso, todo parecía seguir la dinámica habitual. Hasta que han empezado a presentar a los profes nuevos de este año. Y entonces ha sido cuando todos mis años de docencia se me han caído encima como una losa. Resulta que una de las nuevas profes es una encantadora jovencita... de la que yo fui tutor cuando ella iba a 4º de Primaria. Jordi, un buen amigo, siempre me había hablado de como le sentó cuando le pasó eso mismo. Hoy lo he experimentado en mis carnes. Y se siente uno viejo, muy viejo. Mucho más de lo que uno es en realidad... Pero supongo que es ley de vida. ¡Bienvenida a nuestro mundo, B.! ¡Cuidado! Que esto engancha...
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6:32
viernes, 26 de febrero de 2010
Mi niño no me lee nada (II)
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La voz silenciada
En el anterior artículo, hablábamos de leer un rato todos juntos. Claro que para eso hay que tener libros que leer, así que vayamos a adquirirlos. Hablemos de librerías...
No le compres libros.
Sí, sé que parece contradictorio con una serie de artículos que pretenden ayudar a motivar el proceso lector, pero permitidme que lo explique del todo antes de echarme a los leones.
No le compres libros. En vez de eso, dedícale una tarde (o una mañana, si no hay "cole") e iros juntos a una librería. Seguro que tienes alguna que es tu preferida. Convierte esa pequeña excursión en un momento único. Disfruta charlando con él/ella durante el trayecto. Que sea algo especial, no un punto más en el itinerario de supermercado-tintorería-academia de inglés. Los sábados por la mañana son maravillosos para ello. Una vez en la librería, ármate de calma y paciencia. Las primeras veces es posible que no esté acostumbrado a vuestro nuevo momento lector, así que le va a resultar algo un tanto extraño. Y ahora, ofrécete a comprarle un libro. Pero, y aquí viene el quid de la cuestión, no se lo compres tú. Déjale vagar entre los estantes, pasear entre páginas lomos y portadas, y que sea él quien escoja su lectura. Anímalo a ello. Pero que no se sienta observado ni vigilado. Aprovecha tú también ese rato para echar un vistazo. Al fin y al cabo, la idea es que disfrutéis ambos de la experiencia.
Tras un buen rato (o en unos segundos, depende de su manera de ser), aparecerá con un libro. Y ahora llega el momento más delicado. Es el momento en que él/ella espera esa mirada reprobatoria, ese comentario que desautoriza su elección, ese instante de frustración porque no ha cumplido tus expectativas. El libro es demasiado sencillo, demasiado infantil, demasiado complicado, demasiado raro, demasiado... No es el libro que tú hubieras escogido para él/ella.
¿Y qué?
Es el libro que a él/ella le ha llamado la atención. Algo en ese libro le ha parecido atractivo, interesante, simpático, misterioso, sugerente... En definitiva, esas cualidades que hacen nacer el amor y el afecto cuando nos relacionamos con otras personas... y también cuando lo hacemos con los libros.
No te estoy pidiendo que le dejes escoger cualquier cosa. Evidentemente, hay temas que , de acuerdo a tu opción moral o religiosa, consideras que aún no son adecuados para él/ella. En ese caso, explícaselo. Dile que crees que el tema que trata ese libro no te parece bien todavía. Todavía es una palabra importante. Todavía dice que más adelante quizás sí. Todavía invita a nuevas aventuras lectoras en el futuro.
Lo que sí te estoy pidiendo es que no bases tu prejuicio contra el libro en tus gustos lectores, en la sencillez o dificultad de la obra. Él/ella no es tú. Tiene sus propios gustos, sus propios intereses. Si es demasiado sencillo, magnífico; en breve podrá decirte, orgulloso/a de su logro, que ha terminado el libro que se compró y si le ha gustado o no. Si es demasiado complejo, no te preocupes, no repetirá ese error. Pero más vale que lea medio libro (o un cuarto, o una décima parte, tanto da) porque a él/ella le apetecía que ninguno porque es el que tú le has escogido.
¿Permitirías que alguien te escogiera tus amigos basándose en sus preferencias personales sin tener en cuenta tu opinión? ¿Verdad que no? ¿Qué más da si tu amigo no es brillante si le quieres igual? ¿Qué importa si es complejo y rebuscado si es por esa persona por la que sientes afinidad? Pues eso... ¿No has escuchado nunca aquello de que un libro es como un buen amigo?
Resumiendo, la propuesta es la siguiente: No le compres libros, deja que sea él/ella quien los escoja y acompáñale en el proceso. Y sobre todo, disfrutad juntos de la experiencia.
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9:29
martes, 26 de enero de 2010
Mi niño no me lee nada (I)
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La voz silenciada
Para empezar una técnica de lo más sencillo: la gestión del tiempo.
Muy a menudo nos encontramos con uno de esos temas espinosos y delicados: la falta de tiempo para leer. Dice Pennac en su Como una novela:
¿De dónde sacar tiempo para leer? Grave problema. Que no lo es. Desde el momento en que se plantea el problema del tiempo para leer, es que no se tienen ganas. Pues, visto con detenimiento, nadie tiene jamás tiempo para leer. Ni los pequeños ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura. [...] El tiempo para leer es siempre tiempo robado (al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar).
Bien, pues mi propuesta de hoy va en esa dirección. Si el tiempo para leer es siempre tiempo robado, vamos a cometer un robo. O más bien una serie de robos, que trataremos en distintos momentos. Pero el de hoy va a ser un robo al más puro estilo Hollywood, un robo organizado, planificado y llevado a cabo por uno de los mejores equipos que conocemos: nuestra propia familia. Vamos a robar tiempo en casa. Tiempo para leer.
La propuesta, pues, es organizarnos en casa para tener todos tiempos para leer. Y como ya sabemos por películas y libros, para que los planes salgan bien hay que coordinarse y actuar de forma simultánea, así que eso es lo que vamos a buscar.
Proponed a la familia tener un ratito diario dedicado a leer. Pero no para vosotros, sino para todos. La idea es encontrar un breve respiro para compartir todos juntos unos instantes de lectura, para robar entre todos unos minutos al reloj que parece gobernar nuestras atareadas vidas y dedicar esos minutos a leer todos juntos. Cada uno su libro, cada uno a su ritmo, en silencio, compartiendo un espacio común, cómodo, quizás con algo de música suave de fondo. La idea es conseguir un ambiente relajado que ayude a perdernos dentro del libro.
Sé lo que me vais a decir. Que si llego muy cansado de trabajar, que si tengo un montón de trabajo en casa, que si el niño tiene que hacer los deberes, que si los extraescolares, que si... que si... que si... Vamos, venga ya. No estoy hablando de dos horas. Os hablo de 15 o 30 minutos nada más. Sí, ya sé que sois personas muy atareadas y con multitud de obligaciones, pero si estás leyendo esto, entonces es sin duda porque sientes esa misma inquietud que me domina a mí a veces, que te planteas qué puedes hacer para que ese niño, ese alumno, lea o, mejor aún, quiera leer. Tal vez es el momento de reevaluar esas prioridades tan urgentes que dominan tu vida. Si no eres capaz de robar 15 minutos (mejor 30, pero bueno, 15 también valen)... ¿realmente te preocupa tanto que lea? Venga, que seguro que tú también lo disfrutarás. Además, es un robo, ¿recuerdas? Estamos rompiendo la ley y las normas sociales, que nos dictan que cada minuto que no dedicamos a cosas tremendamente importantes e imprescindibles somos unas personas horribles que merecen el ostracismo y el oprobio de la sociedad. Pues hala, vamos a empezar nuestra etapa de salteadores de los caminos de Cronos haciéndolo en equipo, que estas cosas, compartidas, salen mejor.
Hay un punto que no debemos olvidar y es que no hay nada peor que la obligación para suscitar el deseo. Ya hablaremos otro día de la utilidad de las prohibiciones y los imperativos, pero por el momento, la idea es que este rato de lectura sea un pacto, un acuerdo entre todos. Hay que convencer al resto de lo genial que puede ser dedicar todos juntos un rato a la lectura. Y si además conseguís después que ello derive en una charla sobre lo que estáis leyendo, el objetivo (y el placer de la lectura compartida) se verá doblado. Compartir e intercambiar... una de las mejores formas de motivar, ¿verdad?
Así que, resumiendo, la propuesta es la siguiente: Destinar cada día a la lectura personal silenciosa un breve periodo de tiempo, y hacerlo todos a la vez, en compañía. Conviene llevarlo a cabo de forma pactada, y no como la imposición de uno de los miembros.
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9:21
Mi niño no me lee nada (intro)
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La voz silenciada
Tras un laaaargo silencio (algo que es habitual en mí, como sabéis bien los que me conocéis) inicio hoy una serie de breves textos sobre motivación lectora. No pretendo dogmatizar ni establecer sesudos análisis sobre la necesidad de la lectura y la importancia del saber y blablabla. Doctores tiene la iglesia, y no soy yo uno de ellos. Mi propuesta es mucho más simple. Tan sólo buscar una serie de técnicas y recursos destinados a facilitar la adquisición de ese sueño esquivo, en ocasiones aparentemente imposible, que es que nuestros hijos o alumnos lean. Espero simplemente que puedan llegar a seros útiles. Pero menos rollo y más meollo, que con lo poco que escribo, más vale que no me pierda en prolegómenos...
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18:02
martes, 15 de septiembre de 2009
Autoridad
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La voz silenciada
Leo a través de diversos medios que la presidenta de la Comunidad de Madrid propone una Ley de Autoridad del Profesor. No puedo evitar que me provoque sensaciones enfrentadas. Por un lado agradezco la idea de que desde la Administración, sea cual sea el nivel, se busque reconocer de forma clara y expresa la figura del docente y se busque protegerlo de esas agresiones que lamentablemente ya hemos tenido la desgracia de observar o conocer. Lo de que se le otorgue la categoría de autoridad pública, pues hombre, halagador es y se siente uno como más seguro (Si esto se extiende a otras comunidades...¿tendremos que llevar placa? jejeje), pero vamos, igual no hacía falta llegar a tanto. Pero claro, cuando veo que la sra. presidenta de la Comunidad de Madrid ha tenido esta idea al ver los disturbios de Pozuelo de Alarcón y leo que pese a que la pena impuesta por la justicia a un grupo de jóvenes causantes de destrozos y lesiones a agentes de la ley, no pasa de ser un castigo de los que me hubiera puesto mi propio padre por suspender (tres meses sin salir por la noche el fin de semana) y encima los padres de los chavales en cuestión no aceptan el castigo impuesto a sus hijos... pufff. Me empieza a bailar la cabeza. Igual lo que hace falta no es darnos a los profes rango de autoridad pública (que ojo, no seré yo el que se queje) sino empezar a meter en vereda a algunos padres antes que a los niños. Y claro, si los padres de los alumnos son incapaces de mostrarse respetuosos... ¿cómo lo va a ser sus retoños?
La verdad es que, a este respecto, he tenido bastante suerte. Ningún padre me ha amenazado nunca ni verbal ni físicamente (por desgracia, no todos los que comparten mi profesión pueden decir lo mismo). Pero si he podido vivir como un padre me devolvía el examen suspendido de su hijo con una nota que decía "No estoy de acuerdo con la nota. Según mi opinión, debería tener una calificación mucho más alta". Hala, a la brava, a la vista del chaval, que te entrega el examen con la nota con una ufana sonrisa sabiendo que quien tiene el respaldo es él, y no el profe. ¡Ja! A ver que se ha creído ese maestrillo, ¡suspender al chaval! Pero bueno, con lo majo que es mi niño... No es en el aula donde perdemos la autoridad, es en casa, cuando suceden cosas como esas. Eso sí, a esos mismos padres te los sueles encontrar unos años después y son los que te comentan: "No sé cónmo controlar a mi hijo, no me hace ningún caso, obra como le viene en gana. No, si esto es culpa del sistema educativo, que no sabe meterlos en cintura..."
Eso sí, lo de que debería volver la tarima, porque un maestro no debe estar al mismo nivel que sus alumnos... bueno, eso ya me parece un poquitín exagerado. No me han gustado nunca los podios y creo que el respeto (y con él la auténtica autoridad) no nace de que te eleves por encima de ellos... sino de la relación y el día a día.
Actualización apenas 12 horas después de colgar el post: La propuesta ya ha variado. Como ya sucede en otras partes, solo los docentes de la pública tendrán esa "categoría". Y como ya sucedió anteriormente, no puedo evitar preguntarme... ¿aprobar las "opos" te da poderes especiales? Lo digo por lo de la presunción de veracidad. No sé yo, no sé yo...
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18:57
lunes, 14 de septiembre de 2009
Han vuelto
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La voz silenciada
Hoy han vuelto ellos. Con energías renovadas, con ganas de más, con el nerviosismo de iniciar un nuevo curso, con la desazón y la inseguridad de enfrentarse a un temario nuevo... Han vuelto. Y sinceramente, me alegro. Estas dos semanas pasadas de trabajo más administrativo, más de preparación, son necesarias. Imprescindibles, sin duda. Pero es que me resultan tan tediosas comparadas con la actividad diaria, con el "chute" de energía que ellos me proporcionan.
Vuelvo a tener el mismo grupo del año pasado. Ha habido algunas bajas, pero también altas. En la mirada de los que regresaban he querido creer que leía la alegría del reencuentro. En la de los recién llegados, quizás la incerteza de no conocer ni a sus compañeros ni a ese señor calvo, gordo y con gafas que estaba de pie frente a ellos. En ambos casos, he luchado durante las dos primeras horas por obtener una sonrisa, un momento de relajación, de conexión. Creo que lo he conseguido. Después el programa no me permitirá conseguir esos instantes con facilidad. ¡Hay tanto por hacer! Pero hoy era especial, hoy era el día de volver a mirarnos, volver a sonreír, volver a establecer el contacto, o iniciarlo en algún caso. He salido satisfecho, creo que lo hemos conseguido entre todos.
En un momento de pausa me he pasado a ver a los de 2º, 3º y 4º de ESO para que se apuntarán al taller de comunicación digital. Redacción periodística, edición de audio (vamos, podcasts) y fotografía digital. Ha sido divertido ver sus caras y adivinar en algunos las ganas de apuntarse, en otros el hastío propio de su edad (éstos no se apuntan ni a los patios) y en otros el deseo de participar enfrentado al "¿qué pensarán mis amigas/os? En cualquier caso, algunos de los que me ha parecido que tenían ganas, se han pasado a verme a la hora del patio para decirme que contara con ellos. Eso me ha encantado. Ya veremos quienes se pasan mañana a la sesión informativa. Lo importante es que se apunten los que de verdad tengan ganas de hacer cosas. Son los que luego no tiran la toalla a la primera dificultad, a la primera controversia. De todas formas, sólo por el hecho de venir mañana, saben que los recibiré con mi mejor sonrisa y los brazos abiertos. Con muchos de ellos, tenerlos en el taller de comunicación significa otro reencuentro, otra oportunidad de disfrutar con algunos de mis ex-bichos. Con otros, es tener la suerte de conocer a personas geniales con las que no había tenido la suerte de trabajar. En cualquier caso, sigo aprendiendo de todos y cada uno de ellos. De los de ESO en el taller. De mis bichos en clase. De los de 4º de EP en informática. ¡Me sigue quedando tanto por aprender!
Pero lo mejor de todos, es que tengo ganas, muchas ganas, de tirar adelante mil y un proyectos. Estoy cansado, físicamente cansado. En todo el día solo me he sentado para comer... pero me siento lleno de fuerzas, de impulso. Y es que ya se sabe, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y si hay algo que ellos transmiten es energía. A raudales.
Ya sé lo que me direis. Que en un par de semanas estaré cansado, que andaré agobiado, que esto quema mucho. Pero hoy me vuelvo a sentir un tanto quijotesco, y aunque veo esos molinos de viento en el horizonte... que demonios, apresto la lanza, espoleo a Rocinante y me juro que esos gigantes no me derribarán otra vez. Ya se sabe. Han vuelto.
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4:52
lunes, 27 de julio de 2009
Volviendo de Gales
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La voz silenciada
Ayer regresé de mi ya habitual estancia de cuatro semanas en el norte de Gales con un grupo de chavales del cole. Este año eran veintisiete, de 6º de EP y 1º y 2º de ESO. Como cada año, me he llevado sorpresas, alguna no demasiado agradables pero la mayoría tremendamente placenteras. He tenido la oportunidad de descubrir a María, a Anna, a Laura, a Pol, a Jaume... He podido verlos como la clase a veces no te permite. He tenido la suerte de compartir con ellos instantes de alegría, de debilidad, de tristeza, de emoción... y nuevamente me han sorprendido y me han enseñado como sólo ellos nos pueden enseñar a crecer y a mejorar, tanto en la tarea que nos incumbe como en nuestro contínuo desarrollo como seres humanos. He tenido además la suerte de descubrir a una amiga excepcional, a una profesional como la copa de un pino pese a su juventud. Hay quien lleva en la sangre, en el alma, el trato con los chavales. A ella, gracias por todo lo que he podido aprender de ti, por compartir esos momentos de tensión, por esa noche insomne esperando saber si era una apendicitis, por esas charlas con los portátiles abiertos mientras seleccionábamos y arreglábamos las fotos.
Estoy cansado, agotado, roto. Un mes de saltar cada vez que sonaba el móvil, de actividad contínua, de no descansar ni los domingos. Pero también me siento feliz, satisfecho, lleno. Ha sido, una vez más, una experiencia inolvidable, revitalizadora. Realmente, tengo el mejor trabajo del mundo.
Y ahora, las vacaciones. Que creo que me las he ganado...
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10:28
domingo, 31 de mayo de 2009
Se acerca una ola...
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He estado viendo el vídeo de presentación de Google Wave y la verdad es que me parece una herramienta de lo más útil. El vídeo es largo (1 hora y 20 minutos) pero sinceramente os recomiendo a todos los interesados en las TIC y su aplicación en clase que le echeis un vistazo. De momento, a mí ya me han ido surgiendo unas cuantas ideas.... a ver como queda una vez terminado.
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5:55
martes, 24 de marzo de 2009
Análisis tan lúcido como lucido
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18:29
lunes, 2 de febrero de 2009
Creatividad y escuela
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La voz silenciada
Descubro, a través de la magnífica Bitácora de Aníbal de la Torre un vídeo que no por antiguo (el original tiene ya sus buenos dos añitos) deja de ser cierto en su contenido. Me he autoimpuesto la tarea de descubrir a Sir Ken Robinson como autor. Sus planteamientos en esta conferencia me han hecho reflexionar profundamente
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12:28
viernes, 4 de abril de 2008
Bendita Inspiración (IV)
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La voz silenciada
Unas cuantas muestras más de esos instantes de inspiración de los bichos que coniguen arrancarnos una sonrisa...
- Haciendo un repaso sobre la Edad Media en Cataluña
¡Pobre Peronella! Sabía que su vida había sido dura, pero tanto como para que cayera en la enfermedad mental...
- A principios de diciembre del año pasado, con las expectativas puestas en un fin de semana laaargo, laaargo laaargo, ese que pilla los días 6 y 8 de diciembre:
Desde luego, tan jovencitos y ya andan con las ideas tan claras en lo que se refiere a la política...
- Durante una reflexión con mis bichos, dándoles un toque de atención respecto a comportamiento y como discutir las cosas con un profesor:
Y lo peor de todo es que no lo dijo en tono desafiante, sino con una sonrisa, queriendo quitarle tensión al tema... Con éste se me escapó una sonrisa en respuesta a la suya.
- Haciendo un repaso sobre la Edad Media en Cataluña
¡Ah, sí! Ramón Berenguer IV es el que se casa con Paranoia de Aragón!
¡Pobre Peronella! Sabía que su vida había sido dura, pero tanto como para que cayera en la enfermedad mental...
- A principios de diciembre del año pasado, con las expectativas puestas en un fin de semana laaargo, laaargo laaargo, ese que pilla los días 6 y 8 de diciembre:
Pablo, este fin de semana es el puente de la conspiración, ¿verdad?
Desde luego, tan jovencitos y ya andan con las ideas tan claras en lo que se refiere a la política...
- Durante una reflexión con mis bichos, dándoles un toque de atención respecto a comportamiento y como discutir las cosas con un profesor:
Yo, en plan dictatorial: Al fín y al cabo, cuando se cierra la puerta del aula, aquí el que manda soy yo
Marc, con absoluta inocencia: Pues la volvemos a abrir...
Y lo peor de todo es que no lo dijo en tono desafiante, sino con una sonrisa, queriendo quitarle tensión al tema... Con éste se me escapó una sonrisa en respuesta a la suya.
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11:37
Haz lo que digo...
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La voz silenciada
Me impulsa el comentario de FMESMENOTA a seguir adelante en la escritura (por cierto, no os perdais su magnífico blog). A él debo sumar los que me ha hecho siempre mi buen amigo Javi, bloguero también él aunque tan alejado como sea posible del mundo de la educación. Así pues, aunque sea de forma breve, quiero haceros llegar un vídeo que me envió recientemente una persona muy especial para mi
Traduzco las frases del final por si no quedara suficientemente claro el mensaje del vídeo (aunque me parece obvio): Los niños ven, los niños hacen; Haz que tu influencia sea positiva.
Y es un tema en el que creo que todos nosotros debemos reflexionar. El tema de los modelos. Creo que en ocasiones caemos de forma inconsciente en el "haz lo que digo y no lo que hago". Pero inevitablemente nuestros alumnos, nuestros hijos, aquellos que nos miran y se fijan en quienes somos, acaban tomando de modelo no nuestros consejos sino nuestras acciones.
Quizá debería extender más la reflexión, pero considero que en esta ocasión las imágenes si valen por mil palabras.
Traduzco las frases del final por si no quedara suficientemente claro el mensaje del vídeo (aunque me parece obvio): Los niños ven, los niños hacen; Haz que tu influencia sea positiva.
Y es un tema en el que creo que todos nosotros debemos reflexionar. El tema de los modelos. Creo que en ocasiones caemos de forma inconsciente en el "haz lo que digo y no lo que hago". Pero inevitablemente nuestros alumnos, nuestros hijos, aquellos que nos miran y se fijan en quienes somos, acaban tomando de modelo no nuestros consejos sino nuestras acciones.
Quizá debería extender más la reflexión, pero considero que en esta ocasión las imágenes si valen por mil palabras.
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6:19
viernes, 21 de marzo de 2008
Lección de humildad
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La voz silenciada
Acabo de leer un comentario en el post anterior a este, Exigir y dar, que me ha llevado a escribir la presente entrada. ¡Cuanta razón tiene en lo que dice! Me acaban de dar una auténtica lección de humildad, y ante todo, debo dar las gracias a ese anónimo usuario que parece conocerme. Desde luego, no he aprendido lo que hoy se de mi profesión por ciencia infusa. He tenido, por suerte para mí, centenares de maestros. No solo entre mis compañeros de profesión, sino entre mis propios alumnos. Pero desde luego, es a aquellos compañeros que han trabajado conmigo durante todos estos años a quienes más debo mi reconocimiento de quien hoy soy. Especialmente a todos aquellos con quienes he podido discutir, intercambiar mis puntos de vista y debatir de todo lo divino y lo humano. Y por supuesto, a los que he podido observar en su trabajo diario y me han servido de guía para crecer a nivel personal y profesional. Hay tanta gente, que no citaré nombres, por temor a olvidar alguno y caer en la injusticia. Pero sería injusto dejar de valorar esos aprendizajes, así qeu creo que cuando menos eso sí que deberé citarlo:
- Hubo quien me enseñó, en mi primer año en el colegio, que hay que ser humilde, escuchar y después, ante la reflexión, opinar. No debí aprenderlo demasiado bien, pues parece que vuelvo a caer en el mismo error.
- Hubo de quien aprendí la necesidad de una buena preparación previa y organización de la materia y las sesiones de trabajo antes de empezar con las clases. Siempre he pecado de ser una tanto "caótico", y eso nor edunda en beneficio del aprendizaje.
- Hubo quien me descubrió que trabajar en equipo no es repartirse tareas individuales que cada uno hace a su manera de forma solitaria, sino que se trata de complementar cada uno el trabajo de los demás para llegar a cotas de efectividad inalcanzables de otra forma.
- Hubo de quien comprendí que a veces hay que tirar la clase prevista por la ventana y reinventar toda la sesión para empezar desde cero, pues los acontecimientos pueden variar la óptica que habías planteado
- Hubo quien me demostró la importancia del compromiso y el trabajo diario.
- Hubo de quien aprendí que a veces se demuestra más tu implicación y preocupación por un alumno con una reprimenda como con los ánimos y que hay que saber distinguir cuando conviene una cosa y cuando la otra.
- Hubo quien me ha enseñado, muy recientemente, que a veces nos miramos demasiado el ombligo y que nos creemos, realmente, pequeños dioses, y olvidamos, injustamente, a quienes tanto nos han enseñado.
Desde aquí, mi más sincera disculpa a todos aquellos a quienes no he sabido reconocer cuanto me han enseñado, que han sido muchos y muy buenos. Y mi solicitud a todos ellos y a todos los demás de que jamás dejen de enseñarme y corregirme cuando me equivoque. No se puede ser maestro si dejas de ser alumno y parece que me estaba desviando un tanto de ese camino. Gracias por devolverme a él (o al menos intentarlo).
PS: No creo que mis alumnos me hayan divinizado. No creo que me adoren, ni mucho menos. Existe cariño, pero no adoración. No se discute con un dios, y nosotros discutimos muy a menudo. Quizás incluso demasiado. Por todo lo demás, mi querido/a corrector anónimo/a, gracias por el toque de atención. Tienes un café pagado en el cole cuado volvamos (y así al menos sabré quien eres...)
- Hubo quien me enseñó, en mi primer año en el colegio, que hay que ser humilde, escuchar y después, ante la reflexión, opinar. No debí aprenderlo demasiado bien, pues parece que vuelvo a caer en el mismo error.
- Hubo de quien aprendí la necesidad de una buena preparación previa y organización de la materia y las sesiones de trabajo antes de empezar con las clases. Siempre he pecado de ser una tanto "caótico", y eso nor edunda en beneficio del aprendizaje.
- Hubo quien me descubrió que trabajar en equipo no es repartirse tareas individuales que cada uno hace a su manera de forma solitaria, sino que se trata de complementar cada uno el trabajo de los demás para llegar a cotas de efectividad inalcanzables de otra forma.
- Hubo de quien comprendí que a veces hay que tirar la clase prevista por la ventana y reinventar toda la sesión para empezar desde cero, pues los acontecimientos pueden variar la óptica que habías planteado
- Hubo quien me demostró la importancia del compromiso y el trabajo diario.
- Hubo de quien aprendí que a veces se demuestra más tu implicación y preocupación por un alumno con una reprimenda como con los ánimos y que hay que saber distinguir cuando conviene una cosa y cuando la otra.
- Hubo quien me ha enseñado, muy recientemente, que a veces nos miramos demasiado el ombligo y que nos creemos, realmente, pequeños dioses, y olvidamos, injustamente, a quienes tanto nos han enseñado.
Desde aquí, mi más sincera disculpa a todos aquellos a quienes no he sabido reconocer cuanto me han enseñado, que han sido muchos y muy buenos. Y mi solicitud a todos ellos y a todos los demás de que jamás dejen de enseñarme y corregirme cuando me equivoque. No se puede ser maestro si dejas de ser alumno y parece que me estaba desviando un tanto de ese camino. Gracias por devolverme a él (o al menos intentarlo).
PS: No creo que mis alumnos me hayan divinizado. No creo que me adoren, ni mucho menos. Existe cariño, pero no adoración. No se discute con un dios, y nosotros discutimos muy a menudo. Quizás incluso demasiado. Por todo lo demás, mi querido/a corrector anónimo/a, gracias por el toque de atención. Tienes un café pagado en el cole cuado volvamos (y así al menos sabré quien eres...)
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5:17
martes, 2 de octubre de 2007
Exigir y dar
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La voz silenciada
Hay un tema que hace ya tiempo que me da vueltas por la cabeza. Es el tema del famoso respeto debido. En ocasiones me parece que algunos exigen (¿exigimos? no sé si caigo en lo mismo que pretendo criticar...) a los chavales un respeto no correspondido. He visto a compañeros míos de profesión ofenderse gravemente por un comentario (bastante inocente, por cierto) de un alumno cuando ellos llevaban toda la sesión haciendo chascarrillos a costa del grupo. O montar en cólera por la absoluta falta de modales de uno de los chicos, pese a que ellos han entrado en el aula sin ni siquiera decir buenos días. Es que me deben un respeto, que soy el profesor. Pues sí que estamos bien.
Creo que no podemos exigir aquello que no sabemos dar. Y es que el respeto, en mi opinión, no es algo a imponer. El respeto se gana. Y se gana dando tanto como queremos ganar. Es decir, que para exigir, antes hay que empezar por dar. Queremos esa especie de posición pseudodivina de respeto y autoridad absolutos, pero en ocasiones nos olvidamos de que la persona que más hay que respetar en el aula es el propio alumno. Si no les prestamos atención cuando nos necesitan (ya se sabe, siempre andamos taaaaan ocupados), si no atendemos sus peticiones, si nos olvidamos de usar con ellos las mismas fórmulas de cortesía que luego les imponemos (¿Cómo pretendemos que nos pidan las cosas por favor si somos los primeros en ordenar de forma ruda que nos vayan a buscar un paquete de tiza a secretaría?), si no cumplimos, en definitiva, con unas normas elementales de respeto hacia ellos, ¿cómo vamos después a exigirles que nos respeten?
El respeto es una cuestión de modelaje, de dar ejemplo. Somos nosotros, a través de nuestra actitud diaria, los que tenemos que demostrarles que el respeto es la base de una buena convivencia. Es muy bonito llenarse la boca de valores, pero el camino se recorre andando, y el respeto, respetando.
¡Ufffff! Que pedante me ha quedado hoy esto. Quede claro, que no pretendo tirar yo ninguna primera piedra, y que soy el primero en no estar libre de pecado. Pero cuando menos, estas reflexiones me permiten analizar un poquito de forma crítica esos errores que sin duda cometo en multitud de ocasiones. Por favor, no entendais este post de hoy como una pontificación subido en lo alto de mi columna, sino como la reflexión de quien se afana en escalar la montaña para ser cada día un poquito mejor.
Creo que no podemos exigir aquello que no sabemos dar. Y es que el respeto, en mi opinión, no es algo a imponer. El respeto se gana. Y se gana dando tanto como queremos ganar. Es decir, que para exigir, antes hay que empezar por dar. Queremos esa especie de posición pseudodivina de respeto y autoridad absolutos, pero en ocasiones nos olvidamos de que la persona que más hay que respetar en el aula es el propio alumno. Si no les prestamos atención cuando nos necesitan (ya se sabe, siempre andamos taaaaan ocupados), si no atendemos sus peticiones, si nos olvidamos de usar con ellos las mismas fórmulas de cortesía que luego les imponemos (¿Cómo pretendemos que nos pidan las cosas por favor si somos los primeros en ordenar de forma ruda que nos vayan a buscar un paquete de tiza a secretaría?), si no cumplimos, en definitiva, con unas normas elementales de respeto hacia ellos, ¿cómo vamos después a exigirles que nos respeten?
El respeto es una cuestión de modelaje, de dar ejemplo. Somos nosotros, a través de nuestra actitud diaria, los que tenemos que demostrarles que el respeto es la base de una buena convivencia. Es muy bonito llenarse la boca de valores, pero el camino se recorre andando, y el respeto, respetando.
¡Ufffff! Que pedante me ha quedado hoy esto. Quede claro, que no pretendo tirar yo ninguna primera piedra, y que soy el primero en no estar libre de pecado. Pero cuando menos, estas reflexiones me permiten analizar un poquito de forma crítica esos errores que sin duda cometo en multitud de ocasiones. Por favor, no entendais este post de hoy como una pontificación subido en lo alto de mi columna, sino como la reflexión de quien se afana en escalar la montaña para ser cada día un poquito mejor.
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5:09
viernes, 21 de septiembre de 2007
Estoy contento
6comentarios
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La voz silenciada
Pues sí, la verdad es que hoy estoy contento. Ayer me encontré con una situación potencialmente muy difícil y creo que acabamos resolviéndola bien entre todos, los bichos y yo. Pero mejor que me explique.
El miércoles me telefoneó la madre de E.M., un chaval de la clase. Estaba muy preocupada e incluso se planteaba solicitar que se lo cambiara de grupo pues el chico lo estaba pasando muy mal. Sus dos grandes amigos de cursos anteriores, C.C. y B.O., le estaban haciendo la vida imposible y se dedicaban a ponerle la clase en contra, machacarlo verbalmente cada vez que lo veían, meterse con él a través del messenger... E.M. estaba desolado, se sentía solo, aislado y rechazado. Le rogué a la madre que me diera unos días para actuar antes de plantearse el cambio de grupo y que viéramos si era posible encontrar otro tipo de solución. Siempre me ha reventado que en los casos de acoso sea la víctima la que tiene que desaparecer, y el agresor o agresores permanezcan en su entorno habitual. Creo que eso refuerza la sensación de poder, de dominio sobre el resto de compañeros, de esos "matones".
Empecé por ir hablando en privado con la mayoría de los chavales de la clase, haciéndome el loco, comentándoles que notaba cierta tensión en el aula, especialmente entre los chicos, y que si sabían cual era el motivo, porque yo ya empezaba a estar preocupado. Tal y como me imaginaba, saltó la libre y más de uno empezó a explicarme todo lo que pasaba, siempre desde su óptica personal. A partir de aquí pude ir componiendo un cuadro bastante aproximado de lo que sucedía. Cherchez la femme. Parece ser que todo se originó a finales del curso anterior. C.C. y E.M., entonces grandes amigos, "iban detrás" de la misma chica, M.M. E.M. fue la opción preferida por la hica en cuestión y al otro le sentó como una patada en la boca. A partir de ahí, con una excusa nimia, se enfadan los dos y C.C. se dedica a atacar verbalmente a E.M. apoyado por su pequeña banda de sicofantes (que los tiene). Una tarde, el día antes de irnos de colonias el año anterior, lo rodean y ante la presión E.M. les suelta "Sois unos hijos de puta". Acto seguido, este suceso es rápidamente tergiversado y extendido a toda la clase dicendo que E.M. ha dicho que toda la clase son unos hijos de puta y presionando hasta conseguir el ostracismo absoluto de la víctima en cuestión. Me sorprende descubrir que una de las personas que más ha colaborado en todo ello es B.C., una de las chicas. Y ahí estábamos cuando me llamó la madre de E.M.
Por la tarde teníamos matemáticas. Envié la clase que tenía preparada al infierno de las sesiones perdidas pero ganadas (y pude ver mentalmente al monstruo noloacabaréatiempo relamiéndose) y planteé una dinámica de grupo. Como esperaban un control de mates, empecé, sin decirles nada, repartiendo una cuartilla. Poned el nombre, no hace falta fecha. Primera pregunta. Define Compasión. Miradas extrañadas, pero me conocen bien. Bajan la cabeza y se ponen a escribir. Segunda, define Aislamiento. Tercera, define Compañerismo. Cuarta, define Dolor. Quinta, define Empatía. Sexta, define Rechazo. Venga, con la séptima cambiamos de terna. ¿Alguna vez has sentido las emociones de las preguntas impares? ¿Te gustó? Octava, ¿Alguna vez has sentido las pares? ¿Te gustó? Y aquí viene el Shinkansen. Novena pregunta. ¿Qué es lo peor que se le puede hacer a alguien en clase? Tal y como esperaba, los chavales ya me habían olido (que manada tengo, señor, que manada...) y responden la mayoría: Aislarlo, dejarlo solo, de lado. Décima y última pregunta: ¿Crees que esto está sucediendo ahora mismo en nuestra clase? La respuesta es unánime: Sí.
A partir de aquí, comentamos las respuestas a las últimas dos preguntas. Y para evitar convertir a uno en una pobre víctima y al otro en el mártir atacado por el profesor (que es una imagen que le encanta), empiezo por comenarles lo disgustado que estoy con todos ellos. Que me aprece terriblemente cobarde que hayan visto omo alguien sufría y se hayan apartado, se hayan quedado como meros espectadores, sin atreverse a intervenir, a intentar detener la situación o bscar ayuda (para eso estamos los profes) para desactivarla. Poco a poco va saliendo todo a la luz, y la historiase desenrolla ante los ojos de todos. Dos horas de onversación y diálogo en la que han intervenido prácticamente todos. Pero me quedo con algunas perlas de esas que luego atesoras en el corazón:
- L.D. una de las chicas que no tenía nada que ver con todo este sarao, se echa a llorar. Le pregunto ante todos por qué llora. Su respuesta me deja indefenso: "Porque pudimos haber hecho algo y no lo hicimos. Me siento mal por eso". Al menos ella ha descubierto uno de mis principios básicos: La no actuación no es imparcialidad.
- A.G. uno de los sicofantes de C.C.: "Quise acercarme a E.M., pero tenía miedo de que si lo hacía, yo sería el próximo." Expresar en voz alta eso, es un acto de valor impresionante y ayuda a frenar la imagen de poder del agresor.
- C.C. hacia el final de la sesión: Se echa a llorar (cosa que no suele hacer) y cuando le pregunto por qué llora, me contesta: "porque soy un capullo". Creo que ha visto su error. Rápidamente, elogio su reconocimiento ante todos. Pregunto quien está dispuesto a ayudarle a cambiar. Como esperaba todos levantan la mano. Y entonces le pido que mire a E.M. Cuando ve su mano levantada, a C.C. se le ha quedado la cara a cuadros...
- E.M. cuando ya se iban, me coge por banda. Solo me ha dicho una cosa. Me ha mirado y me ha dicho: "gracias". Se me ha derretido el alma ante esa sonrisa de alivio.
No quiero ser presuntuoso. No creo que el problema esté plenamente desactivado. Pero creo que vamos por buen camino para que poco a poco desaparezca. ¡Ah! Y al final, M.J. una dulzura que no tenía nada que ver con todo el lío, sugiere que nos olvidemos de todo el asunto y sigamos como si no hubiera pasado nada. Todos sonríen esperando que yo le diga que estoy de acuerdo. Se sorprenden cuando insisto en que ninguno de ellos debe olvidar jamás lo que ha pasado. Que si lo olvidamos, volverá a suceder. Y eso si que no quiero que pase. No hay que olvidar las cosas, hay que abrzarlas y hacerlas parte de ti, para crecer con ellas. Me han comprendido todos (o casi). A todo esto, B.O. el otro que ha estado en danza con todo el lío, sigue inexpresivo y ausente. Realmente, la ausencia de empatía en este chaval me preocupa muy seriamente. Pero ninguna victoria puede ser completa. Al menos, ayer, se portaron como una manada...
Lo dicho, hoy estoy contento...
El miércoles me telefoneó la madre de E.M., un chaval de la clase. Estaba muy preocupada e incluso se planteaba solicitar que se lo cambiara de grupo pues el chico lo estaba pasando muy mal. Sus dos grandes amigos de cursos anteriores, C.C. y B.O., le estaban haciendo la vida imposible y se dedicaban a ponerle la clase en contra, machacarlo verbalmente cada vez que lo veían, meterse con él a través del messenger... E.M. estaba desolado, se sentía solo, aislado y rechazado. Le rogué a la madre que me diera unos días para actuar antes de plantearse el cambio de grupo y que viéramos si era posible encontrar otro tipo de solución. Siempre me ha reventado que en los casos de acoso sea la víctima la que tiene que desaparecer, y el agresor o agresores permanezcan en su entorno habitual. Creo que eso refuerza la sensación de poder, de dominio sobre el resto de compañeros, de esos "matones".
Empecé por ir hablando en privado con la mayoría de los chavales de la clase, haciéndome el loco, comentándoles que notaba cierta tensión en el aula, especialmente entre los chicos, y que si sabían cual era el motivo, porque yo ya empezaba a estar preocupado. Tal y como me imaginaba, saltó la libre y más de uno empezó a explicarme todo lo que pasaba, siempre desde su óptica personal. A partir de aquí pude ir componiendo un cuadro bastante aproximado de lo que sucedía. Cherchez la femme. Parece ser que todo se originó a finales del curso anterior. C.C. y E.M., entonces grandes amigos, "iban detrás" de la misma chica, M.M. E.M. fue la opción preferida por la hica en cuestión y al otro le sentó como una patada en la boca. A partir de ahí, con una excusa nimia, se enfadan los dos y C.C. se dedica a atacar verbalmente a E.M. apoyado por su pequeña banda de sicofantes (que los tiene). Una tarde, el día antes de irnos de colonias el año anterior, lo rodean y ante la presión E.M. les suelta "Sois unos hijos de puta". Acto seguido, este suceso es rápidamente tergiversado y extendido a toda la clase dicendo que E.M. ha dicho que toda la clase son unos hijos de puta y presionando hasta conseguir el ostracismo absoluto de la víctima en cuestión. Me sorprende descubrir que una de las personas que más ha colaborado en todo ello es B.C., una de las chicas. Y ahí estábamos cuando me llamó la madre de E.M.
Por la tarde teníamos matemáticas. Envié la clase que tenía preparada al infierno de las sesiones perdidas pero ganadas (y pude ver mentalmente al monstruo noloacabaréatiempo relamiéndose) y planteé una dinámica de grupo. Como esperaban un control de mates, empecé, sin decirles nada, repartiendo una cuartilla. Poned el nombre, no hace falta fecha. Primera pregunta. Define Compasión. Miradas extrañadas, pero me conocen bien. Bajan la cabeza y se ponen a escribir. Segunda, define Aislamiento. Tercera, define Compañerismo. Cuarta, define Dolor. Quinta, define Empatía. Sexta, define Rechazo. Venga, con la séptima cambiamos de terna. ¿Alguna vez has sentido las emociones de las preguntas impares? ¿Te gustó? Octava, ¿Alguna vez has sentido las pares? ¿Te gustó? Y aquí viene el Shinkansen. Novena pregunta. ¿Qué es lo peor que se le puede hacer a alguien en clase? Tal y como esperaba, los chavales ya me habían olido (que manada tengo, señor, que manada...) y responden la mayoría: Aislarlo, dejarlo solo, de lado. Décima y última pregunta: ¿Crees que esto está sucediendo ahora mismo en nuestra clase? La respuesta es unánime: Sí.
A partir de aquí, comentamos las respuestas a las últimas dos preguntas. Y para evitar convertir a uno en una pobre víctima y al otro en el mártir atacado por el profesor (que es una imagen que le encanta), empiezo por comenarles lo disgustado que estoy con todos ellos. Que me aprece terriblemente cobarde que hayan visto omo alguien sufría y se hayan apartado, se hayan quedado como meros espectadores, sin atreverse a intervenir, a intentar detener la situación o bscar ayuda (para eso estamos los profes) para desactivarla. Poco a poco va saliendo todo a la luz, y la historiase desenrolla ante los ojos de todos. Dos horas de onversación y diálogo en la que han intervenido prácticamente todos. Pero me quedo con algunas perlas de esas que luego atesoras en el corazón:
- L.D. una de las chicas que no tenía nada que ver con todo este sarao, se echa a llorar. Le pregunto ante todos por qué llora. Su respuesta me deja indefenso: "Porque pudimos haber hecho algo y no lo hicimos. Me siento mal por eso". Al menos ella ha descubierto uno de mis principios básicos: La no actuación no es imparcialidad.
- A.G. uno de los sicofantes de C.C.: "Quise acercarme a E.M., pero tenía miedo de que si lo hacía, yo sería el próximo." Expresar en voz alta eso, es un acto de valor impresionante y ayuda a frenar la imagen de poder del agresor.
- C.C. hacia el final de la sesión: Se echa a llorar (cosa que no suele hacer) y cuando le pregunto por qué llora, me contesta: "porque soy un capullo". Creo que ha visto su error. Rápidamente, elogio su reconocimiento ante todos. Pregunto quien está dispuesto a ayudarle a cambiar. Como esperaba todos levantan la mano. Y entonces le pido que mire a E.M. Cuando ve su mano levantada, a C.C. se le ha quedado la cara a cuadros...
- E.M. cuando ya se iban, me coge por banda. Solo me ha dicho una cosa. Me ha mirado y me ha dicho: "gracias". Se me ha derretido el alma ante esa sonrisa de alivio.
No quiero ser presuntuoso. No creo que el problema esté plenamente desactivado. Pero creo que vamos por buen camino para que poco a poco desaparezca. ¡Ah! Y al final, M.J. una dulzura que no tenía nada que ver con todo el lío, sugiere que nos olvidemos de todo el asunto y sigamos como si no hubiera pasado nada. Todos sonríen esperando que yo le diga que estoy de acuerdo. Se sorprenden cuando insisto en que ninguno de ellos debe olvidar jamás lo que ha pasado. Que si lo olvidamos, volverá a suceder. Y eso si que no quiero que pase. No hay que olvidar las cosas, hay que abrzarlas y hacerlas parte de ti, para crecer con ellas. Me han comprendido todos (o casi). A todo esto, B.O. el otro que ha estado en danza con todo el lío, sigue inexpresivo y ausente. Realmente, la ausencia de empatía en este chaval me preocupa muy seriamente. Pero ninguna victoria puede ser completa. Al menos, ayer, se portaron como una manada...
Lo dicho, hoy estoy contento...
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5:51
jueves, 20 de septiembre de 2007
Principios de física
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La voz silenciada
En física hay un principio que dice que a toda acción le corresponde una reacción. Yo no soy de ciencias, pero creo que esto es absolutamente lógico y todos lo entendemos como normal y natural. Sin embargo, en clase, a veces te encuentras con compañeros que consideran que las reacciones deben producirse sin una acción que las preceda, o con una acción opuesta a la reacción que se pretende provocar. Como si pretendieramos abrir tirando de esa puerta en la que un precioso letrero dice: "Empujar". Intentaré explicarme, que me está quedando un galimatías de lo más aparente.
Llegamos a clase y exigimos a los alumnos atención. Pero somos incapaces de escucharles cuando nos preguntan, o necesitan nuestra opinión. Acto seguido solicitamos respeto, pero nos negamos a tratarlos de otra forma que no sea con condescendencia. Nos quejamos a los padres de que su hijo no confía en el profesor, pero no permitimos que ni siquiera se nos acerquen. Insistimos en la importancia del compromiso y la dedicación ante el trabajo diario y nos ven abrir el periódico o el portátil mientras ellos están intentando resolver un difícil ejercicio. Imponemos que deben ser humildes y aceptar sus errores, pero jamás cometemos (o mejor dicho, admitimos) tener nosotros ni uno solo. Y es que, al fin al cabo, somos pequeños dioses. Y como estos ejemplos, tantas y tantas otras cosas.
Pretendemos que el mundo gire al revés. "Haz lo que digo y no lo que hago". Y ahí está uno de nuestros mayores errores. Porque nos miran. ¡Vaya si nos miran! Y hay que cumplir con aquello de predicar con el ejemplo. Porque los valores (sí, estoy hablando de valores) no se enseñan en los libros. Los valores se aprenden mediante modelos, mediante ejemplos vivos. Y no podemos pretender que cumplan lo que nosotros nos negamos a llevar a cabo.
Pero ya se sabe. Ahorradme ese comentario. Es que ellos son alumnos y yo EL PROFESOR. Así en mayúsculas. Con voz sonora y apocalíptica. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. A mí que me borren de esa categoría. Prefiero dar para recibir que exigir sin ofrecer nada a cambio.
Llegamos a clase y exigimos a los alumnos atención. Pero somos incapaces de escucharles cuando nos preguntan, o necesitan nuestra opinión. Acto seguido solicitamos respeto, pero nos negamos a tratarlos de otra forma que no sea con condescendencia. Nos quejamos a los padres de que su hijo no confía en el profesor, pero no permitimos que ni siquiera se nos acerquen. Insistimos en la importancia del compromiso y la dedicación ante el trabajo diario y nos ven abrir el periódico o el portátil mientras ellos están intentando resolver un difícil ejercicio. Imponemos que deben ser humildes y aceptar sus errores, pero jamás cometemos (o mejor dicho, admitimos) tener nosotros ni uno solo. Y es que, al fin al cabo, somos pequeños dioses. Y como estos ejemplos, tantas y tantas otras cosas.
Pretendemos que el mundo gire al revés. "Haz lo que digo y no lo que hago". Y ahí está uno de nuestros mayores errores. Porque nos miran. ¡Vaya si nos miran! Y hay que cumplir con aquello de predicar con el ejemplo. Porque los valores (sí, estoy hablando de valores) no se enseñan en los libros. Los valores se aprenden mediante modelos, mediante ejemplos vivos. Y no podemos pretender que cumplan lo que nosotros nos negamos a llevar a cabo.
Pero ya se sabe. Ahorradme ese comentario. Es que ellos son alumnos y yo EL PROFESOR. Así en mayúsculas. Con voz sonora y apocalíptica. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. A mí que me borren de esa categoría. Prefiero dar para recibir que exigir sin ofrecer nada a cambio.
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5:26
martes, 18 de septiembre de 2007
Ya casi ha pasado una semana...
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La voz silenciada
... y sigo sin acabar de entrar del todo. Este curso está siendo algo difícil. Tengo más horas de clase que el reloj de secretaría y apenás tiempo para reflexionar, preparar, organizarme un poco... Así que el blog, por sí solo, va cambiando de dirección. El año pasado era más neutro, más "articulístico". Este año se me va la mano hacia lo personal, hacia mis vivencias cotidianas. Me conozco, y con lo pedante que llego a ser, más de una entrada pseudosabia se me colará. Pero la verdad es que poco a poco me oriento más hacia el narrar lo vivido que hacia la reflexión ecuánime. Además, que demonios, no ha sabido ser ecuánime nunca, así que quizás sea mejor así.
Y hecho este caveat, vamos al lío. Ya ha pasado casi una semana y definitivamente, los bichos han vuelto. Ellos, con fuerzas renovadas. Nosotros, temiéndonos lo peor. Y a ver quien lleva a quien a su lado del río. De momento, apenas he tenido horas con ellos para aterrizar, para que me expliquen, para sonreir. El temario es el temario y ya hemos empezado a sentir el aliento del temible monstruo Noloacabaréatiempo en la nuca. Parece mentira, en tan solo una semana. Empiezo a plantearme el pegarle la patada al taburete y que le den viento al temario. ¿De qué sirve hacerles tragar un montón de conceptos y procedimientos si no les damos el tiempo necesario para digerirlos? Cada vez soy más escéptico a este respecto. Parece que sea dogma de fe el acabar el libro. Creo que me voy a declarar en herejía. Pero claro, siendo cuatro líneas (6º A, B, C y D) han de llegar todo al mismo punto. Odio aferrarme al libro. Me encanta explicar, extenderme, comentar, compartir con ellos su curiosidad. Y me revienta cuando tengo que cerrar una buena sesión de preguntas y respuestas porque se "desvían del temario y no toca".
El jueves pasado empezamos con Sociales y arrancamos con el renacimiento. Me miro el libro. Nada, lo de siempre. El Renacimiento es el fin del oscurantismo medieval (¿Pero todavía estamos con esas?) y de repente todo el mundo se vuelve librepensador, humanista, artista y les gusta el lacón con cachelos. ¡Ah! y así de golpe, va Lutero y monta un cisma. Vale. Pues que bien. Y al señor Guttenberg y su maravilloso invento ¿dónde lo dejamos? ¿Y la revolución del antropocentrismo? ¿Y tantas otras cosas...? Pues nada, ya hemos cometido la primera herejía. Cerrad el libro, bichos. Ya os prepararé luego un esquema para el examen. Vamos a hablar de historia. Y me lío la manta a la cabeza para explicarles cambios, revoluciones y transformaciones sociales. Que no te van a entender, me diocen mis compañeras, todas ellas mucho más sabias que yo... Que sí te entendemos, me dicen la mirada y las preguntas de mis bichos... Y como de costumbre, me apunto al carro de estos últimos y me tiro toda una hora hablando del Renacimiento y de los cambios que supuso social e intelectualmente. Y ni un ejercicio de los del libro. Ya me he ganado la primera bronca... y las que vendrán. Bienvenidas sean si consigo que mis bichos entiendan que aprender no es memorizar lo que dice un libro, o repetir al pie de la letra lo que dice tal o cual profesor o eminencia. Aprender es un acto continuo de descubrimiento, discusión, comentario y, sobre todo, intercambio. No hay que grabarse un libro en la memoria. Hay que consultar muchos. Y luego, seguir discutiendo...
Y hecho este caveat, vamos al lío. Ya ha pasado casi una semana y definitivamente, los bichos han vuelto. Ellos, con fuerzas renovadas. Nosotros, temiéndonos lo peor. Y a ver quien lleva a quien a su lado del río. De momento, apenas he tenido horas con ellos para aterrizar, para que me expliquen, para sonreir. El temario es el temario y ya hemos empezado a sentir el aliento del temible monstruo Noloacabaréatiempo en la nuca. Parece mentira, en tan solo una semana. Empiezo a plantearme el pegarle la patada al taburete y que le den viento al temario. ¿De qué sirve hacerles tragar un montón de conceptos y procedimientos si no les damos el tiempo necesario para digerirlos? Cada vez soy más escéptico a este respecto. Parece que sea dogma de fe el acabar el libro. Creo que me voy a declarar en herejía. Pero claro, siendo cuatro líneas (6º A, B, C y D) han de llegar todo al mismo punto. Odio aferrarme al libro. Me encanta explicar, extenderme, comentar, compartir con ellos su curiosidad. Y me revienta cuando tengo que cerrar una buena sesión de preguntas y respuestas porque se "desvían del temario y no toca".
El jueves pasado empezamos con Sociales y arrancamos con el renacimiento. Me miro el libro. Nada, lo de siempre. El Renacimiento es el fin del oscurantismo medieval (¿Pero todavía estamos con esas?) y de repente todo el mundo se vuelve librepensador, humanista, artista y les gusta el lacón con cachelos. ¡Ah! y así de golpe, va Lutero y monta un cisma. Vale. Pues que bien. Y al señor Guttenberg y su maravilloso invento ¿dónde lo dejamos? ¿Y la revolución del antropocentrismo? ¿Y tantas otras cosas...? Pues nada, ya hemos cometido la primera herejía. Cerrad el libro, bichos. Ya os prepararé luego un esquema para el examen. Vamos a hablar de historia. Y me lío la manta a la cabeza para explicarles cambios, revoluciones y transformaciones sociales. Que no te van a entender, me diocen mis compañeras, todas ellas mucho más sabias que yo... Que sí te entendemos, me dicen la mirada y las preguntas de mis bichos... Y como de costumbre, me apunto al carro de estos últimos y me tiro toda una hora hablando del Renacimiento y de los cambios que supuso social e intelectualmente. Y ni un ejercicio de los del libro. Ya me he ganado la primera bronca... y las que vendrán. Bienvenidas sean si consigo que mis bichos entiendan que aprender no es memorizar lo que dice un libro, o repetir al pie de la letra lo que dice tal o cual profesor o eminencia. Aprender es un acto continuo de descubrimiento, discusión, comentario y, sobre todo, intercambio. No hay que grabarse un libro en la memoria. Hay que consultar muchos. Y luego, seguir discutiendo...
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6:11
jueves, 13 de septiembre de 2007
Ya están aquí...
2comentarios
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La voz silenciada
Pues sí. Como en la película Poltergeist, ya están aquí... Ya han vuelto los bichos. Y claro, los he visto más altos, más pícaros, más vivos y más sonrientes que nunca. Como cada año, cuando vuelven del verano. A lo mejor soy yo, que cada año me voy quedando más bajito, más torpe, más mustio y más serio. Pero no, si hay algo que nos devuelve la sonrisa a los profes (a los de verdad, al menos*) es volver a verlos.
¡Qué albororotados estaban ayer! Es normal. Tenían mil cosas que explicarse y otras mil que explicarme a mí. He tenido la suerte de que me ha coincidido que tenía con ellos las dos primeras horas del día, como tutor y la tercera porque les tocaba Naturales conmigo. Y tal como ha empezado la clase de Naturales, me he puesto a explicar el tema que tocaba: La Energía. Y yo venga a cascar y a preguntar y a obligarlos a implicarse. Creo que hoy hemos conseguido una dinámica interesante. Han pasado de estar a la expectativa, de ser sujetos pacientes (eso que en aquel post de hace tiempo decía que jamás debía ser un alumno) a participar, a preguntar a comentar y a rebatir argumentos. Bien. Hemos empezado muy bien. Estos bichos siguen con ganas de aprender, de descubrir cosas nuevas. Si la dinámica continúa así (como fue el año pasado) creo que será un curso muy movido. Se han "picado" un poquitín cuando les he dicho que el tema 1 (reproducción humana) es el último que daremos... ¡Les pica tanto la curiosidad con este tema!
Bueno, un post algo breve, pero solo quiero comentar que sigo sintiéndome feliz cuando se cierra la puerta del aula y me puedo dedicar a esos locos maravillosos en cuerpo y alma.
*Cuando hablo de profes de verdad y profes de mentira, me refiero respectivamente a aquellos que lo somos por vocación y a los que, sin querer serlo, lo son por necesidad. Es fácil distinguirlos. A los primeros se nos ilumina la mirada al entrar en clase. A los segundos, es justo el momento en que se les enturbia y fruncen el ceño...
¡Qué albororotados estaban ayer! Es normal. Tenían mil cosas que explicarse y otras mil que explicarme a mí. He tenido la suerte de que me ha coincidido que tenía con ellos las dos primeras horas del día, como tutor y la tercera porque les tocaba Naturales conmigo. Y tal como ha empezado la clase de Naturales, me he puesto a explicar el tema que tocaba: La Energía. Y yo venga a cascar y a preguntar y a obligarlos a implicarse. Creo que hoy hemos conseguido una dinámica interesante. Han pasado de estar a la expectativa, de ser sujetos pacientes (eso que en aquel post de hace tiempo decía que jamás debía ser un alumno) a participar, a preguntar a comentar y a rebatir argumentos. Bien. Hemos empezado muy bien. Estos bichos siguen con ganas de aprender, de descubrir cosas nuevas. Si la dinámica continúa así (como fue el año pasado) creo que será un curso muy movido. Se han "picado" un poquitín cuando les he dicho que el tema 1 (reproducción humana) es el último que daremos... ¡Les pica tanto la curiosidad con este tema!
Bueno, un post algo breve, pero solo quiero comentar que sigo sintiéndome feliz cuando se cierra la puerta del aula y me puedo dedicar a esos locos maravillosos en cuerpo y alma.
*Cuando hablo de profes de verdad y profes de mentira, me refiero respectivamente a aquellos que lo somos por vocación y a los que, sin querer serlo, lo son por necesidad. Es fácil distinguirlos. A los primeros se nos ilumina la mirada al entrar en clase. A los segundos, es justo el momento en que se les enturbia y fruncen el ceño...
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