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lunes, 9 de abril de 2012

Replanteamiento

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Ya hace un tiempo que ando dándole vueltas a qué hacer con el blog. Soy irregular escribiendo, por decirlo de forma suave. Creo que es un ejercicio que necesito poner en marcha más a menudo, pero acostumbra a pasarme con casi todo aquello en lo que me embarco: Me animo, arranco con muchos ánimos, pero al cabo de un tiempo, pasada la novedad, me desinflo y empiezo a dejarlo de lado por otro nuevo proyecto... Esta vez tengo la firma intención de escribir al menos una vez a la semana, aunque solo sea para decir: Nada de particular esta semana. A ver en qué queda todo esta vez...

miércoles, 16 de febrero de 2011

Hooligans

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El entrenador, aprovechando un tiempo muerto aconseja a sus chicos que intenten aislarse del ambiente. La situación está tensa, se crispa, los gritos desde la grada se suceden, aumentando en intensidad y agresividad a medida que avanza el partido. Cruza una mirada cómplice con el árbitro que parece decirle a su vez: "¿Y yo qué quieres que haga?". Alguno de los jugadores se remueve, especialmente inquieto. Mira preocupado a la grada y se muerde el labio inferior. No consigue concentrarse en el partido. Alguna de las cosas que han llegado a oír le ha dolido, le ha hecho sentir vergüenza ajena. El entrenador se da cuenta e intenta calmar a sus chicos, pero es difícil, es muy difícil. Al fin y al cabo, sólo tienen ocho años y esos espectadores son sus padres...

En ocasiones, los padres parecemos olvidar que la práctica del deporte escolar es, ante todo, una experiencia formativa y nos dejamos arrastrar por nuestra pasión por el deporte. Arrastrados por nuestra pasión, por nuestro deseo de ver el triunfo de nuestros hijos e hijas, gritamos, nos quejamos al árbitro, señalamos la mala actitud del equipo rival y hasta llegamos a caer en el insulto o el lenguaje que sin duda prohibiríamos terminantemente a nuestros retoños. Desoímos los consejos del entrenador del equipo, de los profesores del colegio y hasta en ocasiones las súplicas de nuestro propio hijo.

El deporte escolar no es la LFP ni la ACB. Su objetivo principal no es demostrar qué equipo es el mejor ni cuáles son los jugadores más destacados. No consiste en ganar y conseguir un trofeo, sea cómo sea. El deporte escolar consiste, como cualquier otra actividad que se da en el entorno de  la escuela, en educar, en dotar de valores, de contenido, de experiencias formativas y de oportunidades de desarrollo personal y grupal unos instantes en la vida de un grupo de chicos y chicas. Y a veces parecemos olvidarlo. A veces, nos quitamos nuestro atuendo de padres y nos ponemos el disfraz de hooligans, de fanáticos. Y con ello, no les ayudamos, no les animamos. Al contrario. Sólo hacemos que aumentar la presión, la angustia, la inseguridad en nuestros hijos. Cuando les gritamos instrucciones, cuando les reprochamos su error al tirar a canasta, cuando les insistimos cómo han de jugar o a qué contrario deben cubrir, les demostramos que, diga lo que diga su entrenador, no estamos allí para divertirnos. No hemos ido una mañana de sábado a que practiquen un deporte con sus amigos. Queremos GANAR. Así, en mayúsculas. Nos proyectamos en ellos y nos sentimos partícipes de sus victorias y frustrados por sus derrotas

¿No sería mejor que nos vieran aplaudir también los goles del equipo contrario? ¿No les enseñaríamos más insistiendo que eviten las faltas? ¿No les demostraríamos mejor nuestro cariño con un abrazo que con un grito? No podemos decirles que deben respetar al entrenador y despotricar de las decisiones de éste al mismo tiempo. Eso no tiene ningún sentido, y ellos lo saben. Quizás nos haga falta ser un poquito más humildes, ponernos de rodillas e intentar ver el mundo desde su altura. Quizás así comprendamos que ellos, simplemente, solo quieren jugar un rato...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Árboles

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Dicen que a veces los árboles no nos dejan ver el bosque y me parece que en ocasiones los docentes nos olvidamos cual es el propósito de todos nuestros esfuerzos...

lunes, 18 de octubre de 2010

Un cortometraje

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Hoy quiero dejaros un corto que me ha encantado y que me ha regalado una sonrisa... como el protagonista pretendía!





miércoles, 1 de septiembre de 2010

Vuelta al cole

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Un año más, ya estamos de vuelta en el cole. Y este año, han conseguido que me sienta especialmente viejo. En el claustro de principio de curso, todo parecía seguir la dinámica habitual. Hasta que han empezado a presentar a los profes nuevos de este año. Y entonces ha sido cuando todos mis años de docencia se me han caído encima como una losa. Resulta que una de las nuevas profes es una encantadora jovencita... de la que yo fui tutor cuando ella iba a 4º de Primaria. Jordi, un buen amigo, siempre me había hablado de como le sentó cuando le pasó eso mismo. Hoy lo he experimentado en mis carnes. Y se siente uno viejo, muy viejo. Mucho más de lo que uno es en realidad... Pero supongo que es ley de vida. ¡Bienvenida a nuestro mundo, B.! ¡Cuidado! Que esto engancha...

martes, 15 de septiembre de 2009

Autoridad

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Leo a través de diversos medios que la presidenta de la Comunidad de Madrid propone una Ley de Autoridad del Profesor. No puedo evitar que me provoque sensaciones enfrentadas. Por un lado agradezco la idea de que desde la Administración, sea cual sea el nivel, se busque reconocer de forma clara y expresa la figura del docente y se busque protegerlo de esas agresiones que lamentablemente ya hemos tenido la desgracia de observar o conocer. Lo de que se le otorgue la categoría de autoridad pública, pues hombre, halagador es y se siente uno como más seguro (Si esto se extiende a otras comunidades...¿tendremos que llevar placa? jejeje), pero vamos, igual no hacía falta llegar a tanto. Pero claro, cuando veo que la sra. presidenta de la Comunidad de Madrid ha tenido esta idea al ver los disturbios de Pozuelo de Alarcón y leo que pese a que la pena impuesta por la justicia a un grupo de jóvenes causantes de destrozos y lesiones a agentes de la ley, no pasa de ser un castigo de los que me hubiera puesto mi propio padre por suspender (tres meses sin salir por la noche el fin de semana) y encima los padres de los chavales en cuestión no aceptan el castigo impuesto a sus hijos... pufff. Me empieza a bailar la cabeza. Igual lo que hace falta no es darnos a los profes rango de autoridad pública (que ojo, no seré yo el que se queje) sino empezar a meter en vereda a algunos padres antes que a los niños. Y claro, si los padres de los alumnos son incapaces de mostrarse respetuosos... ¿cómo lo va a ser sus retoños?

La verdad es que, a este respecto, he tenido bastante suerte. Ningún padre me ha amenazado nunca ni verbal ni físicamente (por desgracia, no todos los que comparten mi profesión pueden decir lo mismo). Pero si he podido vivir como un padre me devolvía el examen suspendido de su hijo con una nota que decía "No estoy de acuerdo con la nota. Según mi opinión, debería tener una calificación mucho más alta". Hala, a la brava, a la vista del chaval, que te entrega el examen con la nota con una ufana sonrisa sabiendo que quien tiene el respaldo es él, y no el profe. ¡Ja! A ver que se ha creído ese maestrillo, ¡suspender al chaval! Pero bueno, con lo majo que es mi niño... No es en el aula donde perdemos la autoridad, es en casa, cuando suceden cosas como esas. Eso sí, a esos mismos padres te los sueles encontrar unos años después y son los que te comentan: "No sé cónmo controlar a mi hijo, no me hace ningún caso, obra como le viene en gana. No, si esto es culpa del sistema educativo, que no sabe meterlos en cintura..."

Eso sí, lo de que debería volver la tarima, porque un maestro no debe estar al mismo nivel que sus alumnos... bueno, eso ya me parece un poquitín exagerado. No me han gustado nunca los podios y creo que el respeto (y con él la auténtica autoridad) no nace de que te eleves por encima de ellos... sino de la relación y el día a día.

Actualización apenas 12 horas después de colgar el post: La propuesta ya ha variado. Como ya sucede en otras partes, solo los docentes de la pública tendrán esa "categoría". Y como ya sucedió anteriormente, no puedo evitar preguntarme... ¿aprobar las "opos" te da poderes especiales? Lo digo por lo de la presunción de veracidad. No sé yo, no sé yo...

lunes, 14 de septiembre de 2009

Han vuelto

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Hoy han vuelto ellos. Con energías renovadas, con ganas de más, con el nerviosismo de iniciar un nuevo curso, con la desazón y la inseguridad de enfrentarse a un temario nuevo... Han vuelto. Y sinceramente, me alegro. Estas dos semanas pasadas de trabajo más administrativo, más de preparación, son necesarias. Imprescindibles, sin duda. Pero es que me resultan tan tediosas comparadas con la actividad diaria, con el "chute" de energía que ellos me proporcionan.

Vuelvo a tener el mismo grupo del año pasado. Ha habido algunas bajas, pero también altas. En la mirada de los que regresaban he querido creer que leía la alegría del reencuentro. En la de los recién llegados, quizás la incerteza de no conocer ni a sus compañeros ni a ese señor calvo, gordo y con gafas que estaba de pie frente a ellos. En ambos casos, he luchado durante las dos primeras horas por obtener una sonrisa, un momento de relajación, de conexión. Creo que lo he conseguido. Después el programa no me permitirá conseguir esos instantes con facilidad. ¡Hay tanto por hacer! Pero hoy era especial, hoy era el día de volver a mirarnos, volver a sonreír, volver a establecer el contacto, o iniciarlo en algún caso. He salido satisfecho, creo que lo hemos conseguido entre todos.

En un momento de pausa me he pasado a ver a los de 2º, 3º y 4º de ESO para que se apuntarán al taller de comunicación digital. Redacción periodística, edición de audio (vamos, podcasts) y fotografía digital. Ha sido divertido ver sus caras y adivinar en algunos las ganas de apuntarse, en otros el hastío propio de su edad (éstos no se apuntan ni a los patios) y en otros el deseo de participar enfrentado al "¿qué pensarán mis amigas/os? En cualquier caso, algunos de los que me ha parecido que tenían ganas, se han pasado a verme a la hora del patio para decirme que contara con ellos. Eso me ha encantado. Ya veremos quienes se pasan mañana a la sesión informativa. Lo importante es que se apunten los que de verdad tengan ganas de hacer cosas. Son los que luego no tiran la toalla a la primera dificultad, a la primera controversia. De todas formas, sólo por el hecho de venir mañana, saben que los recibiré con mi mejor sonrisa y los brazos abiertos. Con muchos de ellos, tenerlos en el taller de comunicación significa otro reencuentro, otra oportunidad de disfrutar con algunos de mis ex-bichos. Con otros, es tener la suerte de conocer a personas geniales con las que no había tenido la suerte de trabajar. En cualquier caso, sigo aprendiendo de todos y cada uno de ellos. De los de ESO en el taller. De mis bichos en clase. De los de 4º de EP en informática. ¡Me sigue quedando tanto por aprender!

Pero lo mejor de todos, es que tengo ganas, muchas ganas, de tirar adelante mil y un proyectos. Estoy cansado, físicamente cansado. En todo el día solo me he sentado para comer... pero me siento lleno de fuerzas, de impulso. Y es que ya se sabe, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y si hay algo que ellos transmiten es energía. A raudales.

Ya sé lo que me direis. Que en un par de semanas estaré cansado, que andaré agobiado, que esto quema mucho. Pero hoy me vuelvo a sentir un tanto quijotesco, y aunque veo esos molinos de viento en el horizonte... que demonios, apresto la lanza, espoleo a Rocinante y me juro que esos gigantes no me derribarán otra vez. Ya se sabe. Han vuelto.

lunes, 27 de julio de 2009

Volviendo de Gales

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Ayer regresé de mi ya habitual estancia de cuatro semanas en el norte de Gales con un grupo de chavales del cole. Este año eran veintisiete, de 6º de EP y 1º y 2º de ESO. Como cada año, me he llevado sorpresas, alguna no demasiado agradables pero la mayoría tremendamente placenteras. He tenido la oportunidad de descubrir a María, a Anna, a Laura, a Pol, a Jaume... He podido verlos como la clase a veces no te permite. He tenido la suerte de compartir con ellos instantes de alegría, de debilidad, de tristeza, de emoción... y nuevamente me han sorprendido y me han enseñado como sólo ellos nos pueden enseñar a crecer y a mejorar, tanto en la tarea que nos incumbe como en nuestro contínuo desarrollo como seres humanos. He tenido además la suerte de descubrir a una amiga excepcional, a una profesional como la copa de un pino pese a su juventud. Hay quien lleva en la sangre, en el alma, el trato con los chavales. A ella, gracias por todo lo que he podido aprender de ti, por compartir esos momentos de tensión, por esa noche insomne esperando saber si era una apendicitis, por esas charlas con los portátiles abiertos mientras seleccionábamos y arreglábamos las fotos.
Estoy cansado, agotado, roto. Un mes de saltar cada vez que sonaba el móvil, de actividad contínua, de no descansar ni los domingos. Pero también me siento feliz, satisfecho, lleno. Ha sido, una vez más, una experiencia inolvidable, revitalizadora. Realmente, tengo el mejor trabajo del mundo.

Y ahora, las vacaciones. Que creo que me las he ganado...

miércoles, 10 de junio de 2009

Vicio nefando

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Confieso que últimamente estoy cayendo más que de costumbre en mi vicio favorito, ese que tantas veces se practica en solitario, pero que en ocasiones se disfruta en compañía. No recuerdo con claridad cuando empecé con él ni que me llevó a descubrirlo. Supongo que es algo natural en cualquier ser humano. De nada sirve que los poderosos hayan actuado en su contra o que muchas religiones lo declaren pecaminoso y corruptor. Se han dicho tantas cosas.... que si te quedarás ciego de tanto practicarlo, que si se te secará el cerebro, que si nadie te va a querer, que si no sabrás luego como relacionarte de una forma "natural"...

Los viciosos de verdad lo practicamos en solitario. A veces, cuando te sientes especialmente unido a alguien, le permites compartirlo, acompañarte en él, pero es esa sensación de intimidad contigo mismo, ese placer secreto y oculto que sabes que sólo tú puedes sentir de esa forma en concreto la que le da esa sensación tan especial, tan íntima, tan tuya... Y claro, según donde te pongas a ello, el peligro de que te descubran. Porque una cosa es practicarlo en la soledad de tu habitación, en el cuarto de baño, hasta perdido en medio del monte, y otra muy distinta hacerlo en el trabajo, sin que te pillen, a escondidas, buscando el rincón ideal para aprovechar al máximo ese momento de pausa en que nadie te moleste y puedas librarte a tu apetito más voraz...

Recuerdo que en mi juventud mis profesores, hombres todos ellos de recia formación moral, me decían a menudo que era peligroso, que me afeminaría y me convertiría en un desviado. De nada sirvió. A día de hoy, sigo con ello. Y ya peino canas, aunque sea solo en la barba. Eso sí, las peino con la mano izquierda, porque la derecha, sigue estando ocupada en ese vicio nefando... en ese libro que sostengo y sigo leyendo, arriesgándome a seguir pecando... Y es que sigo teniendo ese nefando vicio que es la lectura.

martes, 24 de marzo de 2009

Análisis tan lúcido como lucido

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Uno de los maestros por excelencia del humor gráfico, el incomparable Don Antonio Fraguas (Forges) nos deja esta perla que, sin duda, no es necesario comentar. Sencillamente, da en el clavo.

martes, 17 de marzo de 2009

Descargando conciencia...

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No sé aún bien del todo que me ha traído hoy a escribir. Supongo que ese trocito de conciencia que me remuerde por no actualizar el blog más a menudo. Me encantaría ser disciplinado, tener esos mismos hábitos de constancia y trabajo diario que intento conseguir en otros... Pero como de costumbre ando metido en más proyectos, aficiones y cuitas de las que puedo acometer de forma constante. Quizás el secreto de los blogs sea hacer lo que estoy haciendo ahora, escribir así, sin pararme a pensar sobre qué, dejando que la mano pasee por el teclado trasladando lo que me pasa por la cabeza. Al fin y al cabo, es lo que parece que hace mucha gente. Hay que olvidarse de la excelencia. Al menos en lo que no se refiere a los asuntos profesionales. Centrarse en disfrutar del camino. Sigo leyendo, menos de lo que me gustaría, pero más que hace unos años. Ahora mismo he aparcado las aventuras de Vlad Taltos para meterme en el Cineclub. Cuando lo acabe, si me acuerdo, lo comento. No es una promesa.

lunes, 2 de febrero de 2009

Creatividad y escuela

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Descubro, a través de la magnífica Bitácora de Aníbal de la Torre un vídeo que no por antiguo (el original tiene ya sus buenos dos añitos) deja de ser cierto en su contenido. Me he autoimpuesto la tarea de descubrir a Sir Ken Robinson como autor. Sus planteamientos en esta conferencia me han hecho reflexionar profundamente

sábado, 17 de enero de 2009

Era domingo

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Hace diez años, hoy era domingo. Un domingo frío, pero con el cielo despejado. Un domingo de luna nueva. ¿Cómo estoy tan seguro? Fácil. Ella llegó ese día, más o menos a esta hora. Ella, que hace que cada mañana haya una pequeña sonrisa en mi cara. Ella, que hace que cada noche haya un beso en mi frente, o en mi mejilla. Ella, que consigue que cualquier adversidad no sea sino un desafío. Ella, que me quiere pese a lo gruñón y cascarrabias que puedo llegar a ser.



Gracias por estos diez años, txiki. Y que sean cien más los que te llenen de toda la felicidad que te mereces. Aunque no te lo diga tan a menudo como te mereces, me hace enormemente feliz tener la suerte de que seas mi hija.

lunes, 5 de enero de 2009

Noche de Reyes

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Esta noche es la Noche de Reyes. Esa noche en la que tantos niños se acuestan con la ilusión de esperar qué aparecerá por la mañana, qué regalos habrá. Las sonrisas de sus caras son lo más mágico, el mejor regalo de ese día.



Sin embargo, muchos otros no pueden vivir esa sensación, esa ilusión, esa sonrisa. Por todos ellos, hay gente que se dedica a ayudar. Incluso a Ayudar Jugando. Y por ellos es que esta noche me vestiré la túnica, me ceñiré la corona, sufriré la barba y pasearé por Innisfree hasta la hora que convenga repartiendo lo que han conseguido esa maravillosa gente del GJP de Innisfree y su Un nen, una joguina.



¿Mi regalo para esta noche? Cada una de las sonrisas que veo cuando nos abren la puerta de su casa y cada uno de esos chavales ven aparecer a Baltasar, a Melchor o a Gaspar.



Y es que sigo peleando por la sonrisa de un niño...

sábado, 3 de enero de 2009

Estar hecho caldo

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Hoy, mientras fregaba la olla en la que ayer tuvimos cociendo durante sus buenas cuatro horas un caldo de esos que nos encantan en casa, se me ha ido la olla. Y no la que tenía entre las manos con el estropajo, sino la otra. Y me ha dado por pensar en esa expresión tan típica: "Estar hecho caldo". La usamos para referirnos a estar completamente destrozado, agotado, sin apenas fuerzas para nada más... És lógico, si uno mira las verduras y la carne después de todas esas horas de cocción, todo bien desecho y bien reblandecido, tanto que se desmenuzan al sacarlos de la olla, se entiende perfectamente a qué viene esa expresión.



Pero claro, ahí ha sido donde se me ha ido la olla (curiosa expresión, tal vez algún día deba investigarla), insisto, la de encima de los hombros, no la que estaba fregando. Y claro, me ha dado por pensar que si bien es cierto que el contenido estaba practicamente deshecho, sin embargo lo que antes era simplemente agua se había convertido en una substancia nueva, que condensaba el resultado de todo ese esfuerzo, de toda ese agotamiento de sus distintos componentes en un caldo delicioso. Tal vez, sólo tal vez, lo de "estar hecho caldo" no sea tan malo, después de todo, si precisamente lo que surge en la mente es precisamente eso, un suculento caldo de ideas, de proyectos, de nuevas sensaciones que hará que haya valido la pena acabar hecho caldo...



En fin, tonterías mías, como de costumbre. Pero para eso está un blog, ¿no?

viernes, 4 de abril de 2008

Haz lo que digo...

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Me impulsa el comentario de FMESMENOTA a seguir adelante en la escritura (por cierto, no os perdais su magnífico blog). A él debo sumar los que me ha hecho siempre mi buen amigo Javi, bloguero también él aunque tan alejado como sea posible del mundo de la educación. Así pues, aunque sea de forma breve, quiero haceros llegar un vídeo que me envió recientemente una persona muy especial para mi



Traduzco las frases del final por si no quedara suficientemente claro el mensaje del vídeo (aunque me parece obvio): Los niños ven, los niños hacen; Haz que tu influencia sea positiva.

Y es un tema en el que creo que todos nosotros debemos reflexionar. El tema de los modelos. Creo que en ocasiones caemos de forma inconsciente en el "haz lo que digo y no lo que hago". Pero inevitablemente nuestros alumnos, nuestros hijos, aquellos que nos miran y se fijan en quienes somos, acaban tomando de modelo no nuestros consejos sino nuestras acciones.

Quizá debería extender más la reflexión, pero considero que en esta ocasión las imágenes si valen por mil palabras.

viernes, 21 de marzo de 2008

Lección de humildad

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Acabo de leer un comentario en el post anterior a este, Exigir y dar, que me ha llevado a escribir la presente entrada. ¡Cuanta razón tiene en lo que dice! Me acaban de dar una auténtica lección de humildad, y ante todo, debo dar las gracias a ese anónimo usuario que parece conocerme. Desde luego, no he aprendido lo que hoy se de mi profesión por ciencia infusa. He tenido, por suerte para mí, centenares de maestros. No solo entre mis compañeros de profesión, sino entre mis propios alumnos. Pero desde luego, es a aquellos compañeros que han trabajado conmigo durante todos estos años a quienes más debo mi reconocimiento de quien hoy soy. Especialmente a todos aquellos con quienes he podido discutir, intercambiar mis puntos de vista y debatir de todo lo divino y lo humano. Y por supuesto, a los que he podido observar en su trabajo diario y me han servido de guía para crecer a nivel personal y profesional. Hay tanta gente, que no citaré nombres, por temor a olvidar alguno y caer en la injusticia. Pero sería injusto dejar de valorar esos aprendizajes, así qeu creo que cuando menos eso sí que deberé citarlo:

- Hubo quien me enseñó, en mi primer año en el colegio, que hay que ser humilde, escuchar y después, ante la reflexión, opinar. No debí aprenderlo demasiado bien, pues parece que vuelvo a caer en el mismo error.

- Hubo de quien aprendí la necesidad de una buena preparación previa y organización de la materia y las sesiones de trabajo antes de empezar con las clases. Siempre he pecado de ser una tanto "caótico", y eso nor edunda en beneficio del aprendizaje.

- Hubo quien me descubrió que trabajar en equipo no es repartirse tareas individuales que cada uno hace a su manera de forma solitaria, sino que se trata de complementar cada uno el trabajo de los demás para llegar a cotas de efectividad inalcanzables de otra forma.

- Hubo de quien comprendí que a veces hay que tirar la clase prevista por la ventana y reinventar toda la sesión para empezar desde cero, pues los acontecimientos pueden variar la óptica que habías planteado

- Hubo quien me demostró la importancia del compromiso y el trabajo diario.

- Hubo de quien aprendí que a veces se demuestra más tu implicación y preocupación por un alumno con una reprimenda como con los ánimos y que hay que saber distinguir cuando conviene una cosa y cuando la otra.

- Hubo quien me ha enseñado, muy recientemente, que a veces nos miramos demasiado el ombligo y que nos creemos, realmente, pequeños dioses, y olvidamos, injustamente, a quienes tanto nos han enseñado.

Desde aquí, mi más sincera disculpa a todos aquellos a quienes no he sabido reconocer cuanto me han enseñado, que han sido muchos y muy buenos. Y mi solicitud a todos ellos y a todos los demás de que jamás dejen de enseñarme y corregirme cuando me equivoque. No se puede ser maestro si dejas de ser alumno y parece que me estaba desviando un tanto de ese camino. Gracias por devolverme a él (o al menos intentarlo).

PS: No creo que mis alumnos me hayan divinizado. No creo que me adoren, ni mucho menos. Existe cariño, pero no adoración. No se discute con un dios, y nosotros discutimos muy a menudo. Quizás incluso demasiado. Por todo lo demás, mi querido/a corrector anónimo/a, gracias por el toque de atención. Tienes un café pagado en el cole cuado volvamos (y así al menos sabré quien eres...)

martes, 2 de octubre de 2007

Exigir y dar

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Hay un tema que hace ya tiempo que me da vueltas por la cabeza. Es el tema del famoso respeto debido. En ocasiones me parece que algunos exigen (¿exigimos? no sé si caigo en lo mismo que pretendo criticar...) a los chavales un respeto no correspondido. He visto a compañeros míos de profesión ofenderse gravemente por un comentario (bastante inocente, por cierto) de un alumno cuando ellos llevaban toda la sesión haciendo chascarrillos a costa del grupo. O montar en cólera por la absoluta falta de modales de uno de los chicos, pese a que ellos han entrado en el aula sin ni siquiera decir buenos días. Es que me deben un respeto, que soy el profesor. Pues sí que estamos bien.

Creo que no podemos exigir aquello que no sabemos dar. Y es que el respeto, en mi opinión, no es algo a imponer. El respeto se gana. Y se gana dando tanto como queremos ganar. Es decir, que para exigir, antes hay que empezar por dar. Queremos esa especie de posición pseudodivina de respeto y autoridad absolutos, pero en ocasiones nos olvidamos de que la persona que más hay que respetar en el aula es el propio alumno. Si no les prestamos atención cuando nos necesitan (ya se sabe, siempre andamos taaaaan ocupados), si no atendemos sus peticiones, si nos olvidamos de usar con ellos las mismas fórmulas de cortesía que luego les imponemos (¿Cómo pretendemos que nos pidan las cosas por favor si somos los primeros en ordenar de forma ruda que nos vayan a buscar un paquete de tiza a secretaría?), si no cumplimos, en definitiva, con unas normas elementales de respeto hacia ellos, ¿cómo vamos después a exigirles que nos respeten?

El respeto es una cuestión de modelaje, de dar ejemplo. Somos nosotros, a través de nuestra actitud diaria, los que tenemos que demostrarles que el respeto es la base de una buena convivencia. Es muy bonito llenarse la boca de valores, pero el camino se recorre andando, y el respeto, respetando.

¡Ufffff! Que pedante me ha quedado hoy esto. Quede claro, que no pretendo tirar yo ninguna primera piedra, y que soy el primero en no estar libre de pecado. Pero cuando menos, estas reflexiones me permiten analizar un poquito de forma crítica esos errores que sin duda cometo en multitud de ocasiones. Por favor, no entendais este post de hoy como una pontificación subido en lo alto de mi columna, sino como la reflexión de quien se afana en escalar la montaña para ser cada día un poquito mejor.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Principios de física

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En física hay un principio que dice que a toda acción le corresponde una reacción. Yo no soy de ciencias, pero creo que esto es absolutamente lógico y todos lo entendemos como normal y natural. Sin embargo, en clase, a veces te encuentras con compañeros que consideran que las reacciones deben producirse sin una acción que las preceda, o con una acción opuesta a la reacción que se pretende provocar. Como si pretendieramos abrir tirando de esa puerta en la que un precioso letrero dice: "Empujar". Intentaré explicarme, que me está quedando un galimatías de lo más aparente.

Llegamos a clase y exigimos a los alumnos atención. Pero somos incapaces de escucharles cuando nos preguntan, o necesitan nuestra opinión. Acto seguido solicitamos respeto, pero nos negamos a tratarlos de otra forma que no sea con condescendencia. Nos quejamos a los padres de que su hijo no confía en el profesor, pero no permitimos que ni siquiera se nos acerquen. Insistimos en la importancia del compromiso y la dedicación ante el trabajo diario y nos ven abrir el periódico o el portátil mientras ellos están intentando resolver un difícil ejercicio. Imponemos que deben ser humildes y aceptar sus errores, pero jamás cometemos (o mejor dicho, admitimos) tener nosotros ni uno solo. Y es que, al fin al cabo, somos pequeños dioses. Y como estos ejemplos, tantas y tantas otras cosas.

Pretendemos que el mundo gire al revés. "Haz lo que digo y no lo que hago". Y ahí está uno de nuestros mayores errores. Porque nos miran. ¡Vaya si nos miran! Y hay que cumplir con aquello de predicar con el ejemplo. Porque los valores (sí, estoy hablando de valores) no se enseñan en los libros. Los valores se aprenden mediante modelos, mediante ejemplos vivos. Y no podemos pretender que cumplan lo que nosotros nos negamos a llevar a cabo.

Pero ya se sabe. Ahorradme ese comentario. Es que ellos son alumnos y yo EL PROFESOR. Así en mayúsculas. Con voz sonora y apocalíptica. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. A mí que me borren de esa categoría. Prefiero dar para recibir que exigir sin ofrecer nada a cambio.

sábado, 8 de octubre de 2005

Leer

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No hay libro que merezca la pena leer a los diez años que no sea digno de ser leído (y con frecuencia mucho más) a los cincuenta - excepto, claro está, los libros informativos -.
C.S. Lewis: De este y otros mundos. Ensayos sobre literatura fantástica.


Me apunto esta frase. Me la grabo a fuego en el corazón para el próximo que me mire de forma despectiva al verme disfrutar de las aventuras de Eustace, Lucy, Reepicheep y tantos otros en las tierras de Narnia. Para el próximo que me diga que estoy mayor para seguir las peripecias del joven Potter en Hogwarts. Para el que se atreva a esbozar la consabida sonrisita de desdén al verme embelesado (otra vez, y ya van tantas) en la Tierra Media.
¿Cómo podemos pretender que los chavales sientan interés sobre esos libros que les recomendamos en clase si nosotros ni siquiera los hemos leído? Creo que existe la falsa concepción de que hacerse adulto significa abandonar el mundo de la infancia. Y no debería de ser así. No debemos crecer como un tren que abandona una estación para encaminarse a otra sino como los árboles, permitiendo que cada nuevo anillo de nuestro tronco abraze a los anteriores, protegiéndolos y haciéndolos formar de la parte más íntima de nuestro ser. Y como los árboles, el día que nuestro interior esté seco y muerto, no seremos más que corteza vacía.
Atrevámonos a leer y no recomendemos libros que no nos gusten. Si hay algo tienen los chavales es percepción, y te pillan enseguida cuando les intentas colocar un libro que a tí no te gusta. Para "venderles" un libro, te tiene que haber gustado. O al menos, sé lo suficientemente sincero para reconocer que ese estilo a ti no te va, pero quizás a él le interese.

¡Ah! Y no me vayais de "soy un profe maduro de vuelta de todo con un gran bagaje cultural y eso son chiquilladas" con ellos. Que nos calan desde el principio...
 

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