martes, 23 de enero de 2007

Disculpas

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Antes se me ha olvidado pedir disculpas a todos aquellos que antes leíais este blog. Ha pasado más de un año desde la última entrada. Mis disculpas a todos y no prometo nada (que me conozco y luego no cumplo). Y un fuerte abarazo a los que seguís ahí (ya sabeis quienes sois).

¡Fuera de clase!

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Recientemente, una compañera de trabajo ha dado con la solución definitiva para los alumnos que no hacen los deberes. Los echa de clase y los envía con su tutor o tutora hasta que los hagan. En otras ocasiones, he podido observar como a la que un chaval no ha estudiado o se gira a hablar con un compañero, se le expulsa del aula (ya sea enviándolo al pasillo o mandándolo a otra clase o con otro profesor). De verdad, la solución definitiva. Casi tan buena como la de las avestruces, que al no ver la amenaza, eliminan de su mundo el peligro.

Expulsar a un alumno del aula, no elimina el problema. Solo lo esconde. Entiendo que hay ocasiones en que es necesario. Cuando la actitud de un chico (¿por qué casi siempre echan a los chicos y en raras ocasiones a las niñas?) repercute en el funcionamiento global del grupo, impidiendo o dificultando de forma obvia y significativa la buena marcha de la clase, entiendo la expulsión del aula como una manera de permitir al resto seguir con el aprendizaje pese a los esfuerzos del díscolo de perturbar. Lo entiendo. Lo acepto. No me gusta y creo que deberíamos intentar cambiar las tornas sin privar al "castigado" de la oportunidad de aprender, pero lo entiendo.

Ahora bien, expulsar a un chaval de clase porque no ha hecho los deberes ("¡Y no vuelvas hasta que los tengas hechos!") enviándolo con su tutor no soluciona el problema, solo lo esconde. Al cabo de pocos días, el chaval asume que no hacer los deberes significa saltarse la clase peñazo que no le gusta para nada, e ir a ver al tutor, que como está en otra clase y bastante liado con los problemas de ésta, acaba sentándolo en un rincón y poniéndolo a hacer los deberes. Perfecto. Se ha saltado la cloase que no le gusta, está haciendo los deberes cuando le da la gana y encima ha ganado una trade de diversión, al no haber tenido que copiar ese farragoso verbo en casa. La PS2 y el messenger se lo agradecen en extremo.

Estas últimas dos semanas tengo a C.C., uno de mis bichos, conmigo cada vez que le toca la asignatura de esa compañera. Directamente pasa de hacer los deberes. Cuando le he preguntado por qué no hace los deberes de esa asignatura y en cambio cumple con los míos, me ha contestado con una sinceridad y lógica simplemente aplastantes: "Es que contigo tengo buen rollo y a esa no la aguanto. Y si no hago los deberes, me envía contigo." Aplastante. He tenido que esconder una sonrisa de complicidad y afecto mientras lo enviaba a otra aula, para que no estuviera conmigo y el castigo se convirtiera en un premio.

martes, 8 de noviembre de 2005

La magia de leer

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Uffff... Ya me ha pasado como de costumbre. Mil proyectos que me rondan la cabeza y poco tiempo para todos ellos. Resultado: He tenido al pobre blog abandonadito durante (demasiado) tiempo. A ver si le ponemos solución.

Por lo pronto, el post de hoy es tan solo (como si fuera poco) para recomendaros encarecidamente la lectura de un libro que me ha caido en las manos (regalo de cumpleaños de parte de mi mujer, qué bien me conoce...): La magia de leer, de José Antonio Marina y María de la Válgoma. La verdad, es que leer sobre el acto de leer puede parecer un tanto recursivo o redundante, pero el libro resulta sencillamente delicioso. Con un lenguaje claro, atractivo y sugerente los autores nos introducen en un mundo tan complejo como el de acercar la lectura a los no lectores. Casi obligatorio en cualquier biblioteca de padres, profes, psicólogos infantiles y en general en la de cualquiera que alguna vez se haya planteado qué es leer, para qué sirve y como conseguir que un niño/joven lea...

sábado, 8 de octubre de 2005

Bendita inspiración (III)

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Aprovecho un ratito para dejaros algunas otras perlas, si no de sabiduría sí al menos de espontaneidad y desparpajo...

- En un examen de naturales:
La comida se deshace en el estómago porque la atacan unos jugos que son drásticos

Ya sabeis, moderad a vuestro estómago, que se pone muy radical a veces...

- Escuchado en una conversación de dos antiguos "bichos" míos sobre la asignatura de Dibujo de 1º de ESO:
Tengo que entregar el dibujo de perspectiva crónica

Crónico es el dolor de cabeza de la pobre profe de dibujo con vosotros. Si no os quisiéramos tanto...

- En un ejercicio de Sociales:
Sabadell y Terrassa son las capitales del Vallés Occipital

Mire ud. por donde, ahora ya no vivo en la parte del Vallés donde se pone el sol sino detrás de su cabeza...

Venga, otro día, más

Leer

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No hay libro que merezca la pena leer a los diez años que no sea digno de ser leído (y con frecuencia mucho más) a los cincuenta - excepto, claro está, los libros informativos -.
C.S. Lewis: De este y otros mundos. Ensayos sobre literatura fantástica.


Me apunto esta frase. Me la grabo a fuego en el corazón para el próximo que me mire de forma despectiva al verme disfrutar de las aventuras de Eustace, Lucy, Reepicheep y tantos otros en las tierras de Narnia. Para el próximo que me diga que estoy mayor para seguir las peripecias del joven Potter en Hogwarts. Para el que se atreva a esbozar la consabida sonrisita de desdén al verme embelesado (otra vez, y ya van tantas) en la Tierra Media.
¿Cómo podemos pretender que los chavales sientan interés sobre esos libros que les recomendamos en clase si nosotros ni siquiera los hemos leído? Creo que existe la falsa concepción de que hacerse adulto significa abandonar el mundo de la infancia. Y no debería de ser así. No debemos crecer como un tren que abandona una estación para encaminarse a otra sino como los árboles, permitiendo que cada nuevo anillo de nuestro tronco abraze a los anteriores, protegiéndolos y haciéndolos formar de la parte más íntima de nuestro ser. Y como los árboles, el día que nuestro interior esté seco y muerto, no seremos más que corteza vacía.
Atrevámonos a leer y no recomendemos libros que no nos gusten. Si hay algo tienen los chavales es percepción, y te pillan enseguida cuando les intentas colocar un libro que a tí no te gusta. Para "venderles" un libro, te tiene que haber gustado. O al menos, sé lo suficientemente sincero para reconocer que ese estilo a ti no te va, pero quizás a él le interese.

¡Ah! Y no me vayais de "soy un profe maduro de vuelta de todo con un gran bagaje cultural y eso son chiquilladas" con ellos. Que nos calan desde el principio...
 

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