viernes, 21 de septiembre de 2007

Estoy contento

Pues sí, la verdad es que hoy estoy contento. Ayer me encontré con una situación potencialmente muy difícil y creo que acabamos resolviéndola bien entre todos, los bichos y yo. Pero mejor que me explique.

El miércoles me telefoneó la madre de E.M., un chaval de la clase. Estaba muy preocupada e incluso se planteaba solicitar que se lo cambiara de grupo pues el chico lo estaba pasando muy mal. Sus dos grandes amigos de cursos anteriores, C.C. y B.O., le estaban haciendo la vida imposible y se dedicaban a ponerle la clase en contra, machacarlo verbalmente cada vez que lo veían, meterse con él a través del messenger... E.M. estaba desolado, se sentía solo, aislado y rechazado. Le rogué a la madre que me diera unos días para actuar antes de plantearse el cambio de grupo y que viéramos si era posible encontrar otro tipo de solución. Siempre me ha reventado que en los casos de acoso sea la víctima la que tiene que desaparecer, y el agresor o agresores permanezcan en su entorno habitual. Creo que eso refuerza la sensación de poder, de dominio sobre el resto de compañeros, de esos "matones".

Empecé por ir hablando en privado con la mayoría de los chavales de la clase, haciéndome el loco, comentándoles que notaba cierta tensión en el aula, especialmente entre los chicos, y que si sabían cual era el motivo, porque yo ya empezaba a estar preocupado. Tal y como me imaginaba, saltó la libre y más de uno empezó a explicarme todo lo que pasaba, siempre desde su óptica personal. A partir de aquí pude ir componiendo un cuadro bastante aproximado de lo que sucedía. Cherchez la femme. Parece ser que todo se originó a finales del curso anterior. C.C. y E.M., entonces grandes amigos, "iban detrás" de la misma chica, M.M. E.M. fue la opción preferida por la hica en cuestión y al otro le sentó como una patada en la boca. A partir de ahí, con una excusa nimia, se enfadan los dos y C.C. se dedica a atacar verbalmente a E.M. apoyado por su pequeña banda de sicofantes (que los tiene). Una tarde, el día antes de irnos de colonias el año anterior, lo rodean y ante la presión E.M. les suelta "Sois unos hijos de puta". Acto seguido, este suceso es rápidamente tergiversado y extendido a toda la clase dicendo que E.M. ha dicho que toda la clase son unos hijos de puta y presionando hasta conseguir el ostracismo absoluto de la víctima en cuestión. Me sorprende descubrir que una de las personas que más ha colaborado en todo ello es B.C., una de las chicas. Y ahí estábamos cuando me llamó la madre de E.M.

Por la tarde teníamos matemáticas. Envié la clase que tenía preparada al infierno de las sesiones perdidas pero ganadas (y pude ver mentalmente al monstruo noloacabaréatiempo relamiéndose) y planteé una dinámica de grupo. Como esperaban un control de mates, empecé, sin decirles nada, repartiendo una cuartilla. Poned el nombre, no hace falta fecha. Primera pregunta. Define Compasión. Miradas extrañadas, pero me conocen bien. Bajan la cabeza y se ponen a escribir. Segunda, define Aislamiento. Tercera, define Compañerismo. Cuarta, define Dolor. Quinta, define Empatía. Sexta, define Rechazo. Venga, con la séptima cambiamos de terna. ¿Alguna vez has sentido las emociones de las preguntas impares? ¿Te gustó? Octava, ¿Alguna vez has sentido las pares? ¿Te gustó? Y aquí viene el Shinkansen. Novena pregunta. ¿Qué es lo peor que se le puede hacer a alguien en clase? Tal y como esperaba, los chavales ya me habían olido (que manada tengo, señor, que manada...) y responden la mayoría: Aislarlo, dejarlo solo, de lado. Décima y última pregunta: ¿Crees que esto está sucediendo ahora mismo en nuestra clase? La respuesta es unánime: Sí.

A partir de aquí, comentamos las respuestas a las últimas dos preguntas. Y para evitar convertir a uno en una pobre víctima y al otro en el mártir atacado por el profesor (que es una imagen que le encanta), empiezo por comenarles lo disgustado que estoy con todos ellos. Que me aprece terriblemente cobarde que hayan visto omo alguien sufría y se hayan apartado, se hayan quedado como meros espectadores, sin atreverse a intervenir, a intentar detener la situación o bscar ayuda (para eso estamos los profes) para desactivarla. Poco a poco va saliendo todo a la luz, y la historiase desenrolla ante los ojos de todos. Dos horas de onversación y diálogo en la que han intervenido prácticamente todos. Pero me quedo con algunas perlas de esas que luego atesoras en el corazón:

- L.D. una de las chicas que no tenía nada que ver con todo este sarao, se echa a llorar. Le pregunto ante todos por qué llora. Su respuesta me deja indefenso: "Porque pudimos haber hecho algo y no lo hicimos. Me siento mal por eso". Al menos ella ha descubierto uno de mis principios básicos: La no actuación no es imparcialidad.

- A.G. uno de los sicofantes de C.C.: "Quise acercarme a E.M., pero tenía miedo de que si lo hacía, yo sería el próximo." Expresar en voz alta eso, es un acto de valor impresionante y ayuda a frenar la imagen de poder del agresor.

- C.C. hacia el final de la sesión: Se echa a llorar (cosa que no suele hacer) y cuando le pregunto por qué llora, me contesta: "porque soy un capullo". Creo que ha visto su error. Rápidamente, elogio su reconocimiento ante todos. Pregunto quien está dispuesto a ayudarle a cambiar. Como esperaba todos levantan la mano. Y entonces le pido que mire a E.M. Cuando ve su mano levantada, a C.C. se le ha quedado la cara a cuadros...

- E.M. cuando ya se iban, me coge por banda. Solo me ha dicho una cosa. Me ha mirado y me ha dicho: "gracias". Se me ha derretido el alma ante esa sonrisa de alivio.

No quiero ser presuntuoso. No creo que el problema esté plenamente desactivado. Pero creo que vamos por buen camino para que poco a poco desaparezca. ¡Ah! Y al final, M.J. una dulzura que no tenía nada que ver con todo el lío, sugiere que nos olvidemos de todo el asunto y sigamos como si no hubiera pasado nada. Todos sonríen esperando que yo le diga que estoy de acuerdo. Se sorprenden cuando insisto en que ninguno de ellos debe olvidar jamás lo que ha pasado. Que si lo olvidamos, volverá a suceder. Y eso si que no quiero que pase. No hay que olvidar las cosas, hay que abrzarlas y hacerlas parte de ti, para crecer con ellas. Me han comprendido todos (o casi). A todo esto, B.O. el otro que ha estado en danza con todo el lío, sigue inexpresivo y ausente. Realmente, la ausencia de empatía en este chaval me preocupa muy seriamente. Pero ninguna victoria puede ser completa. Al menos, ayer, se portaron como una manada...

Lo dicho, hoy estoy contento...

6 comentarios:

Anonymous dijo...

Felicitats.
Una descripció brillant d' una actuació davant el conflicte.


Algun dubte:
1. La noia B.C i la seva relació amb la noia M.M. i amb el noi E.M ?

2. B.O. futuro marginado ahora de E.M i de C.C ?

3. Triangulo complicado con un lider rencoroso : C.C ?


Molt interessant tot plegat per veure com funciona la xarxa relacional i les lluites de "poder".

El poeta de l'orella

Ookami Fenris dijo...

Gràcies per llegir-me, estimat poeta. Respondre els teus dubtes seria llarg. T'importa si t'ho contesto davant un café i en parlem?

Carme Barba dijo...

Felicidades: ¡esto es educar, si señor! Genial la estrategia utilizada y el valor de llegar hasta el final.
Carme

María dijo...

He llegado a tu blog por la curiosidad del título "Docente decente"... pensando que serías un presuntuos@... que iba a denunciar las "indecencias de nuestro sistema educativo" pero después de leer este artículo me retracto totalmente y me queda claro... que eres un Docente ¡¡como la copa de un pino!!
Estas estrategias que usas quizás no solucionen definitivamente el problema pero si propician momentos de reflexión que creo que son el punto de partida para una verdadera educación en valores y por qué no de una verdadera educación para la ciudadanía.
Felicidades por tu blog decente.

Ookami Fenris dijo...

Gracias, María y Carme. Hoy estoy un pelín tocado anímicamente, y omentarios como los vuestros son los que le levantan a uno el ánimo. Ahora me tocará hacer cura de humildad para no creerme uno de aquello pequeños dioses de los que hablaba en otro post... ;-)

Anonymous dijo...

Me parece excelente tu actuación como docente en la situación que has relatado.
Es cierto que nos preocupamos por el programa, ¡hay que darlo! Pero cuando haces cosas como la que tú nos han contado, creo que puedes sentirte feliz y contento porque has avanzado mucho más de lo que tenías programado.
Educar la inteligencia emocional, la autoestima, el respeto... es importantísimo en estas edades. Comparto plenamente contigo tu forma de actuar. Y me atrevo a decir, que nos has dado una buena lección a los compañeros de profesión que la sentimos con esa dedicación y cariño que tú dejas ver entre líneas.
¡Sigue en esa línea! Yo llevo 33 años de profesión y cada curso escolar lo comienzo con ilusiones nuevas.

 

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